Llevaba más de tres semanas lleno al mismo banco del parque a la misma hora del día y siempre me embobaba con la misma chica. Su cocker se había acercado a mí en varias ocasiones y a mi se me aceleraba el corazón pensando en que ella siguiera a su perro. Pero ella siempre lo llamaba de lejos. El animal me miraba un segundo y luego obedecía a su hermosa dueña. Hoy lo volvo a llamar, pero más cerca del banco donde me sentaba.
Mañana volveré a venir.
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martes, 23 de marzo de 2010
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