Este año no fui. Yo, que secretamente había asumido cada año el alma y el ritmo de la fiesta.
Hubo brillos, comidas en exceso, sonrisas enlatadas, 240 uvas y 80 besos.
Nadie sabía por qué aquel fin de año no había sido, como siempre, memorable, divertido, entrañable y tierno. Por qué no sonaron las canciones de sus vidas que acercaban un rato sus recuerdos y sus cuerpos. Por qué no bastaron el alcohol , la compañía ni fueron suficientes las lentejuelas, el confeti ni las serpentinas.
Yo lo sé - pensé desde la estantería, quieta en esa foto en que me tienen.
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miércoles, 31 de marzo de 2010
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