La palabra seguía paseando por las calles de Alcalá de Henares, siguiendo su camino de vagabundo abandonado. Observó aquel balcón. La casa estaba tan bien conservada... ¡cómo fría, vacía y ridícula!
La palabra lanzó un grito al viento: “¡Cervantes, qué sola me has dejado! Muchos quieren disuadirme pero, yo que nací de tu pluma, sé que la literatura murió contigo.”
Sin su progenitor, la palabra hidalgo, continuó su pesaroso caminar lánguido. Sin su progenitor, la palabra creyó quedarse en el olvido, aún sabiendo que resucitaba cada vez que alguien, cada día, en cualquier parte del mundo, desempolvaba un “Alonso Quijano”.
Mostrando entradas con la etiqueta María Agra Fagúndez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta María Agra Fagúndez. Mostrar todas las entradas
viernes, 26 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

