Mi jardín estaba lleno de flores pero una mañana de un frío diciembre desaparecieron.
Entonces, lo encontré, se sentó y dijo: “A mi lado el jardín de flores amarillas, rojas, de todos los colores, no desaparecerá nunca de tu vida.”
Todo trascurrió en silencio, sin palabras, sólo los golpes, los engaños y cientos de insultos llenaban nuestra alcoba.
Pero una tarde de julio, mi jardín se llenó de crisantemos, claveles, rosas, lirios y margaritas. Y ahora sé que ha cumplido su promesa. Por fin, estaré rodeada de flores para siempre.
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sábado, 27 de febrero de 2010
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