Lo ví entrar en la cafetería ataviado con la camiseta del equipo de futbol de la ciudad. Pidió una cerveza y se abalanzó sobre la prensa local en busca de la sección de deportes. A cada párrafo leído le seguía un generoso trago al botellín con la satisfacción de descubrir que su equipo venció a domicilio la tarde anterior.
Manifestaba tal alegría que no hallé el momento de explicarle que aquel no era el periódico del día sino el del pasado lunes y que nuestro equipo había perdido en casa por un contundente cero a cinco.
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viernes, 16 de abril de 2010
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