Cerca del medio día el calor comenzaba a ser insoportable, con 38, 4 grados centígrados a la sombra. Esteban jugaba a la sombra de un árbol con un par de bichos; los inmovilizaba al sol viendo cómo la sombra del árbol se acercaba poco a poco a los insectos y se imaginaba el alivio que sentían cuando la sombra los cubría. En el enésimo intento el pequeño se quedó inmóvil y silencioso un par de minutos. Su mirada se clavó al suelo. Corrió hasta su casa y se los dijo a sus padres.
- ¡Mamá, papá! Las sombras nos se mueven… las sombras no se mueven…
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martes, 13 de abril de 2010
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