Olvido lo nota, lo siente y lo presiente, aunque ya no sepa si sucedió ayer o hace mil años… Pero intuye que en el pasado, ella preparaba el almuerzo a su hijita cada día antes de ir al colegio.
Ahora, es su hija quien, antes de ir a trabajar, le da el desayuno en aquella enorme sala de amplios ventanales y rostros anónimos.
Mientras, sus endebles recuerdos se siguen resquebrajando y caen sobre el camisón blanco, como estrellas fugaces.
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viernes, 8 de abril de 2011
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