CONCURSO PATROCINADO POR HOTEL MAR MENOR

El hotel Mar Menor de Santiago de la Ribera apoya a las Bibliotecas de San Javier en la promoción de la creación literaria y te dan la bienvenida a este concurso.























Mostrando entradas con la etiqueta 2011. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 2011. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de abril de 2011

COBIJO

Nunca supo que momento su pareja se había convertido de ser un príncipe, en un monstruo ,ella no tenia ni padres ,ni amigos en esa ciudad.

Tenia mucho sueño ,buscaba donde pasar la noche ,buscaba cobijo ,encontró un
hotel .

Estuvo reflexionando toda la noche, por fin era dueña de sus propias decisiones ,iba a empezar una nueva vida ,ella era única ,ella era una gran mujer, ella no estaba sola, tenia la mejor compañera del mundo ,se tenia a si misma.

ARREPENTIMIENTO

El asesino en serie se arrepintió de su mala vida. Por eso, ya en el lecho de muerte se aseguró de dejar atado todo cuanto debía hacerse para donar sus órganos vitales. Los médicos procedieron con la diligencia habitual en estos casos, pero, lamentablemente, era demasiado tarde. Cuando le abrieron el pecho, observaron, sin sorprenderse demasiado, que tenía el corazón como una piedra.

AMOR ETERNO

Cuando estaba a punto de besarla, me dijo que me parecía a Burt Lancaster en De aquí a la eternidad. Sonreí y me quedé callado, pero ella insistió: “¿me parezco yo a Debora Kerr entregada a un apuesto capitán?”. Para evitar que su pasión muriera junto a alguien incapaz de darle conversación, le mentí: “no voy al cine, prefiero la lectura”. “Ah, -repuso-, ¿Crimen y castigo o prefieres Guerra y Paz?”. Sopesé si continuar la farsa y contestarle: “no leo novelas, prefiero la poesía”, pero lo pensé mejor y respondí: “Sin duda, Crimen y castigo”. Y enseguida me abalancé sobre ella, no sólo para besarla sino, sobre todo, para evitar que nuestro amor quedara sepultado allí mismo, bajo su sabiduría.

LA LLEGADA DE LA LUNA AL HOMBRE

El 20 de julio de 2069, la Luna pisó al hombre por vez primera pero no le hizo daño. Se trataba de un pescador chino que no pudo más que asustarse.
La Luna en sus primeras declaraciones afirmó: "Es un pequeño paso para mí pero un gran paso para la Satelinidad"
No todos creyeron esta historia. Algunos planetas -fuera del sistema solar, por supuesto- han dudado de su veracidad ya que los hombres sólo se pisan a si mismos pero es imposible entrevistar al pescador chino, no ha vuelto de su lado oscuro.

Libia

Un vecino apellidado España, dueño de una fábrica de bates de béisbol, con el beneplácito de la comunidad de propietarios, vendió al violento y déspota inquilino del quinto Gadafi, aficionado a los jonrón, uno edición especial madera de pino con la firma de la estrella Barry Bonds, sin importarle las consecuencias que la venta pudiera acarrear, primando sólo el beneficio económico. Al poco tiempo, las agresiones al vecindario aumentaron en intensidad y dureza. Una mañana, los maltratados, se rebelaron contra el animal buscando auxilio en la comunidad, exigiendo en pacífica manifestación el abandono del sátrapa del inmueble. Al llegar a la puerta del denunciado, el tipo agarró salvaje el bate cargando contra el barrio.

Los viejos zapatos de Pepo

Pepo quería unos zapatos nuevos. No porque estuvieran viejos, si no porque los que tenía no le gustaban. Llevaba días protestando y pidiéndole a su madre unos:
–Mamá todos en la escuela tienen zapatos nuevos. Mira los míos, están rotos. Cómpramelos, cómpramelos, cómpramelos…- Repetía Pepo caprichoso.
Su madre, cansada de la insistencia de su hijo y viendo que no estaban tan viejos y que no tenía dinero para comprarle otros, decidió escondérselos.
A la mañana siguiente Pepo le preguntó a su madre:
- Mamá ¿dónde están mis zapatos?
-A lo que esta respondió:
-Tuve que tirarlos, estaban demasiado viejos. Tendrás que ir descalzo a la escuela.
-Pepo corrió entonces a buscar los viejos zapatos a la basura.

Las palabras que caminan solas

Soledad buscaba un libro en la biblioteca cuando le sorprendió una puerta que nunca antes había visto. Curiosa decidió abrirla. Recorrió casi a oscuras un largo pasillo que le condujo a una gran sala llena de personas. Hablaban continuamente, corriendo de un lado a otro, algunas solas, otras en grupo. Las conversaciones se mezclaban y Soledad apenas podía distinguir lo que decían. A entrar, se fijó en una anciana que estaba sola y observando cuanto ocurría a su alrededor le pregunto dónde estaba.
Sabiduría, ese era el nombre de la anciana, le respondió que estaba en el país donde todo era posible, incluso el que algunas palabras caminaran solas. Amor paseaba sin condiciones o alegría, por ejemplo, bailaba sin música.

SIN ELLA

-¿Dónde está el perro?
Pregunto a la vuelta del trabajo, después de saludar al pequeño Luis y convencido de que un día mi suegra dejará la puerta abierta para que el animal se vaya.
-Siempre la misma preguntita, como si no lo supieras…
Responde antes de marcharse y dejarme solo ante las rutinas de la noche.
Yo voy a la habitación, claro, para comprobar que sí, que ahí está, amodorrado en su lado de nuestra cama, sin intención alguna de saludarme. Y mi vista se nubla, porque me cuesta aceptarlo, pero está claro que él también la sigue echando de menos.

En la cuneta

Un sinsueño vio el sol a la orilla de una estrella

YO, CAPITAN COBARDE

Fijó su mirada en aquellas nubes negras que amenazaban tempestad. La lluvia arreciaba cada vez más violenta, la mar aumentaba su nivel, mientras la espuma blanca golpeaba el triste navío.

Enzo Noir, intentaba pedir ayuda por medio de la radio que existía en el cuadro de mando, al darse cuenta de su fatídico final, su nerviosismo le hizo el primero en abandonar el barco en un bote auxiliar. Se alejaba de sus recuerdos, mientras se hundían poco a poco, en alta mar.

Después de pasar muchos años, el capitán me contó la trágica pérdida de la tripulación y aunque debió ser el último en abandonar, me alegro que mi padre fuera, cobarde capitán en alta mar.

Diseñador de caballerizas

Me acuerdo de las historias vividas en su juventud, su pueblo natal debía de ser como un parque de atracciones en la actualidad, nunca existía descanso para un niño, siempre había alguien con quién jugar y cosas con las que disfrutar, aunque simplemente fuera un viejo trozo de tela.

En aquellos años de su vida, además de jugar y cuidar de sus hermanos, realizaba trabajos con esparto, bueno mejor dicho; era diseñador de caballerizas, como decía él.

Ahora pienso en todo aquello, su mirada delatando esa sabiduría que me quería transmitir, sus consejos de padre y por supuesto, sus ganas de contagiar aquellos sanos maravillosos años.

¿ Te acuerdas, cuándo... ? - me preguntó esta mañana con un hilo de voz -.

Sonreí por primera vez, porque ahora sí, me acuerdo de todo su ayer.

EL SENTIMIENTO IZQUIERDO

Era lo torcido, la vía no recta hasta el corazón. Era la mutación del sentir sencillo que inspira la poesía en el espíritu de los hombres. Era la forma obscena de una flor truncada. Era la entonación equívoca de una palabra amable. Era la esquiva sonrisa del falso interés. Era una afinidad tan profunda que a la fuerza debía ser mentira. Era la risa sin humor. Era el caer de la tarde sin el resplandor mortecino del crepúsculo. Era la luna sin su superficie horadada. Era la mirada vacía que se pretendía cargada de significado. Era el beso seco de un amante.

La perla africana

Nadie en la calle excepto ella. A lo lejos, se oye música. Ella no la escucha. No conoce el idioma de su nueva patria, ni tiene a nadie a quien contar sus inquietudes. De donde viene, decían que era como una perla. Como el perfume del ébano. Ahora es dura como la roca. Su olor, de colonia barata. La gente que le habla es porque sabe que la perla africana te hace feliz por muy poco. Ella buscaba el paraíso. No tiene nombre. El nombre lo perdió cuando su dignidad decidió marcharse. De pronto, empieza a oír la música. Antes le recordaba a su casa. Ahora ya no, ahora simplemente llora. El paraíso no se creó para ella.

EL MATADERO TERRESTRE

Todos los metros del mundo estallan dentro de mí. Me resulta complicado discernir entre el bien y el mal. Me descubro a mí mismo dentro de un vagón de metro. Me alegro de estar sentado. Soy la media aritmética de un resto de seis paradas, soy los ojos de sus caras automáticas. La muchedumbre intercambia extremidades. Mi mano derecha tiembla levemente y quiere comenzar a arder, pero yo me hago el dormido. Entra paz y tranquilidad, sale tensión y nerviosismo: abdominalmente simple. El universo quiere que el hacinamiento estalle al abrirse aquellas puertas. Salgo con el fuego controlado y las hordas me guían con su inercia hacia la luz que no existe. Suben las hormigas al matadero terrestre

Recuerdos de anoche

Los rayos del sol invaden el espacio de bienestar. Sentado en el banco, impregnado por un arrullo incesante y aleteo de palomas. Rememoro. Abro el cuaderno cerúleo donde mi alma revoloteaba olores del reencuentro... Puedo sentir de nuevo el roce de tus labios, los lengüetazos sobre los pezones erguidos; mientras escribo. Es entonces cuando renazco, plenito de placer. Flotan pensamientos. En mi pecho nacen azucenas, ocasos neuronales traen diligentes primaveras nutriéndome felicidades irresolutas. Bocanada ilusión. Pero retorno a la tierra, al asiento del parque, ahogando la sangre en fantasmales interrogantes cotidianos. Reflexionando comprendo que el amor nos hace libres. Anoche dijiste: te quiero. Ahora añadiendo experiencias en el cuaderno, reconozco: me devolviste a la vida.

Cambio recuerdos por nueva vida

Todos mis recuerdos se secaron al sol, a la luna y a las noches frías de invierno. Algunos comenzaron a volar por el movimiento acompasado del aire y otros seguían allí colgados como un buque amarrado en el puerto. Finalmente, recogí todo lo que hace tiempo colgué en aquel viejo tendedero de mi balcón y cambié viejos recuerdos por flores de colores, flores que bailaron al son de una música movida y a conjunto de una nueva sonrisa que una amiga compró para mí en uno de esos bazares de la India.
Hoy, por fin, tras una larga espera, tras incansables noches en vela y mañanas de inexplicable resaca de sueños, por fin he podido retomar mi nueva vida.

Ausencias y realidades

Me duele, y, créeme que, lo que menos me importa es que te hayas ido sin ni siquiera despedirte, dejándome sola y vacía, abandonándome sin escrúpulos ni sentimiento alguno. No, lo que más me duele es que aniquilaste mi orgullo y mi autoestima con el simple hecho de engañar mi resentida intuición. En mis fantasías te veo triunfador y satisfecho al creerte el ganador de ese peligroso juego que, aparentemente inocente, controlaba mi voluntad como si de una marioneta me tratara. Sin embargo, tu ya prolongada ausencia, provoca en mí una euforia desmedida, una clara conciencia, ya no te intuyo perdedor, ahora tengo absoluta certeza de que lo eres…te haces real en la infinita distancia…

Entre gotas

Debo de confesar, que muchas veces, cuando las primeras gotas de la lluvia se derramar sobre el cristal de mi habitación, puedo pasar horas mirando por la ventana y recordar uno a uno los momentos que habitaron en mi infancia.
Inevitablemente siempre lloro al compas que esas gotas que incansables salpican en la ventana y luego mojan el suelo de la ciudad.
Tengo la misma sensación que al probar el sorbete de limón, algo dulce y acido al mismo tiempo, que nunca llega a empalagar… puede que sea la sensación que se siente al entremezclar la nostalgia con los recuerdos. Es curioso pero ni la tristeza de la nostalgia, ni la felicidad de los buenos recuerdos podrían vivir por separado.

La presentación

Había acudido para la presentación del resultado del Taller Literario: un sencillo libro de relatos.
Allí estaba también una compañera. Habíamos compartido el espacio virtual del Taller Literario, corregido mutuamente nuestros textos, aprendido al unísono técnicas variadas para mejorar nuestra expresión. Ambos aparecíamos en ese libro, con un relato donde habíamos volcado nuestra alma en palabras.
–¡Hola!, ¿cómo estás? –le dije.
Mientras ella se había mostrado tal cual, con su foto por avatar, yo había preferido ocultar, como tantas otras veces, mi realidad personal.
–¿Te conozco? –contestó distante.
Observé el rechazo en su actitud.
–No.
Escogí la respuesta para seguir siendo amigos en nuestro mundo virtual… esperando que se presente en otro momento una oportunidad más apropiada.

Sobrevida

La sobrevida cabe en cualquier folio, estoy acostumbrado a dejarla encima de las mesas —generalmente de cuatro patas— o en bolsas negras de basura donde se asfixia un rato y sobrevive por los poros menudos del plástico y mi incapacidad para hacer nudos. Es un restaurante itinerante, se clava en la madera, viaja en los bichos. En las mesas se regodea entre artefactos electrónicos y los desordenes de la gastronomía tropical, su curiosidad navega hacia los pasos peatonales, quiebra floreros, colecciona teselas. No he podido resolver la ecuación, la sobrevida continuará resistiendo mis asaltos perpetuos y arrojando imanes, aún cuando yo no esté.