No entendía la tristeza de mamá, tampoco tus gritos.
Era un niño que se escondía cuando te oía gritar.
Con el tiempo dejé de asustarme, tú seguías gritando.
Mamá, cada vez más triste, se esforzaba por no hacerme partícipe.
Su silencio provocaba más gritos, ella seguía callada.
Un día, de los gritos pasaste a los insultos.
Otro día, a los golpes.
Tenía diez años cuando mamá recibió tu primer golpe.
Nunca he tenido más miedo, más rabia, le golpeaste con el puño cerrado. ´
No supe defenderla.
Ahora soy un hombre, los recuerdos me persiguen y el miedo a ser como tú, también.
Mamá recuperó su vida cuando te apartó de ella.
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viernes, 9 de abril de 2010
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