Te reirás, tal vez, pero te he imaginado con el mismo traje de hoy y la maleta. En mi visión de entonces te veías digno, no sonreías tontamente como ahora, ni traías esa mirada hueca que está escurriéndosete hacia el suelo buscando ser contenida por un límite. No, llevabas los ojos encendidos como la hoguera de San Pedro. Ahora algo me dice que la maleta está lista aunque no la traigas en la mano. Y es como un déjà vu. No te detendré. Puedes marcharte.
¿No te ibas? Ah, ¿no? Bueno, es igual, no fastidies. Reúne tus cosas y lárgate. Este tiempo de pensar en tu partida me ha servido para darme cuenta de que ya no me haces falta.
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lunes, 21 de marzo de 2011
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