Un auto negro se estacionó frente a la puerta de la casona y unos ojos femeninos se asomaron tras las cortinas de la habitación principal.
-Volvió más temprano de lo previsto –dijo la mujer al hombre que se hallaba semi-desnudo sobre su cama-. ¡Tienes que irte de aquí!
El hombre se levantó rápidamente y, tras juntar su ropa, alcanzó a escaparse sin que nadie lo viera.
A los pocos segundos, otro caballero entró al dormitorio y se alegró al notar que la mujer lo estaba esperando.
-Me moría de ganas por estar contigo –confesó mientras la besaba.
-Yo también –afirmó ella-. Pero tenemos que estar atentos. Tú sabes que en cualquier momento puede llegar mi marido.
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viernes, 19 de febrero de 2010
jueves, 18 de febrero de 2010
El Quijote II
-¡Sí, yo asesiné a mi mayordomo! –confesó el acusado durante el juicio. Y dejando varias novelas policiales sobre el estrado, agregó: -Léalas, Señor Juez. Sólo así va a entender que si yo no lo mataba primero, el desgraciado iba a terminar matándome a mí.
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