CONCURSO PATROCINADO POR HOTEL MAR MENOR

El hotel Mar Menor de Santiago de la Ribera apoya a las Bibliotecas de San Javier en la promoción de la creación literaria y te dan la bienvenida a este concurso.























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viernes, 26 de marzo de 2010

Microconfidencias

Me llamo Ángel Sammael y soy un escritor frustrado. Mi primer fracaso fue imitar el estilo de Don Benito Pérez Galdós: craso y esperpéntico error. Después hice el ridículo inspirándome en Tolstói: un trapero me pagó mis escritos al peso. Quise emular a Bécquer pero sólo conozco leyendas urbanas. Las greguerías de “Ramón” son prolijas en comparación con las mías. La novela corta es larga para mí y los relatos breves se me hacen interminables. El romanticismo de Larra se transforma en ponzoña si sale de mi pluma y cuando intento ser rapsoda, peor: los ripios de mis odas se utilizan en el Club de la Comedia. Al escribir cartas de amor se desenamoran quienes las reciben. Mi primer y único cuento infantil lo leyó un niñito para terminar llorando y con pesadillas.
Tras años de sesudo empeño escribí un cuento de ciencia ficción y lo envié a un crítico esperando sus comentarios, me contestó con un simple: ¿por qué?
Las nueve musas se ríen cuando las invoco. Los agentes y editores me desprecian y en los certámenes literarios ni me contestan el acuse de recibo. Ahora pretendo ser microrrelatista y aspiro ganar este concurso ¿ustedes creen que lo lograré?

LOS TEMPLARIOS TAMBIÉN SE EQUIVOCAN

El jinete coronó el cerro e hincó las espuelas en los ijares del alazán lanzándolo a galope tendido. Había salido del castillo de Calasparra, después de divisar los vigías movimientos de tropas enemigas sarracenas y debía recorrer varias poblaciones hasta reunir las mesnadas del Conde en la fortaleza principal de Caravaca de la Cruz.
Al llegar al Segura comprobó que bajaba crecido y tuvo que buscar un vado. Eso le hizo perder un tiempo precioso, tal vez crucial para evitar una nueva razzia de los muslimes.
Siguió cabalgando toda la noche y ya al amanecer, cansado y hambriento, el caballero de la Orden del Temple hizo un alto para recuperar fuerzas y buscó algunas setas en un pequeño bosquecillo.
Tras la frugal comida emprendió la marcha, mas pronto se topó con una tropilla de muslimes fuertemente armados. Tenía dos opciones: rehusar el combate o enfrentarse a la muerte.
El cadáver del templario lo encontraron unos campesinos flotando en el río Argos pero ni se había ahogado ni le habían matado los infieles: murió por cicuta verde; la Amanita Phalloides es una seta altamente venenosa, y es que el del Temple decidió huir aunque ya antes había cometido un error mortal.