Entonces todo se vuelve infinito. El cielo azul estaba adornado por algunas nubes viajeras que
parecían haber hecho un alto en el camino para deleitarse con mi final. Un chico se aproximó en
una bici, las ruedas girando con isócrona majestuosidad, y se sentó junto a mi cabeza yaciente en el
asfalto. Sus inquietos ojos buscaban una explicación a todo aquello. En ellos se desató una tormenta
de lágrimas al comprender que no se podía hacer nada. El viento otoñal depositó en el cuello de mi
camiseta unas hojas resecas (caricias de piel marchita), dándome así un último regalo. Sonreí y
elevé la mirada de nuevo, comprendiendo ahora que el cielo no era un límite, sino un punto de
partida.
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martes, 13 de abril de 2010
Costuras Vitales
El primer punto siempre era el más difícil. La aguja describió su trayectoria caprichosa entre los
dedos de Diana, arrastrando consigo el finísimo nylon azul. Fueron dando vida poco a poco a
múltiples rombos concéntricos en el rincón del comedor. El jersey estuvo acabado en invierno.
Era una tarde lluviosa de febrero. Los llantos del bebé quebraron el silencio húmedo del cuarto y
sacaron a Diana de su plácida siesta. Abrió el armario: ahí estaba el diminuto jersey azul. Lo cogió y
se lo puso a su hijo, que aprobó la idea con una sonrisa y un eructo. Diana abrazó su cuerpo cubierto
de rombos y supo mejor que nunca que el primer punto siempre era el más difícil.
dedos de Diana, arrastrando consigo el finísimo nylon azul. Fueron dando vida poco a poco a
múltiples rombos concéntricos en el rincón del comedor. El jersey estuvo acabado en invierno.
Era una tarde lluviosa de febrero. Los llantos del bebé quebraron el silencio húmedo del cuarto y
sacaron a Diana de su plácida siesta. Abrió el armario: ahí estaba el diminuto jersey azul. Lo cogió y
se lo puso a su hijo, que aprobó la idea con una sonrisa y un eructo. Diana abrazó su cuerpo cubierto
de rombos y supo mejor que nunca que el primer punto siempre era el más difícil.
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