La eficiente brújula que en un pasado momento marcaba claramente mi cordura perdió su capacidad de orientación, por lo que ya no me sirve tal funcionamiento. El magnetismo repeledor provocado por miles y miles de acontecimientos de una vida pasada se interponen hoy día en la terapia reponedora de mis patológicos sentidos.
Mi lucidez, ese juguete en desuso, ya no se puede considerar más que el reflejo de un entramado maloliente que me impide el retroceso al semblante gallardo que gastaba antes de que las garras del insulso destino hiciesen chorrear, como si de un grifo abierto se tratase, mi patética demencia de hombre enamorado.
Mostrando entradas con la etiqueta Francisco García Gallardo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Francisco García Gallardo. Mostrar todas las entradas
viernes, 5 de marzo de 2010
Sólo el silencio
Saltó el fusible de la vida que conocía y quedé enredado en un tedio absoluto. No encontraba panel donde dibujar mis pensamientos, así que me dediqué a guardarlos en el cajón, junto a su mirada indecisa, aquel anillo que dejó, unas velas gastadas, mi racha de soledad inoportuna, tu voz y los despojos del después.
Sin percatarme de ello, comencé a saborear en el aire una olvidada sensación. Entre silencio y penumbra encontré mi añorada armonía.
No necesité más; ni sonrisas, ni piel, ni música, ni orgasmos, ni héroes, ni alcohol, ni tampoco palabras. No existía ni luz en mis pensamientos para alumbrar la habitación. Sólo silencio y oscuridad, junto a los que me acurruqué mientras me invadía el sueño.
Sin percatarme de ello, comencé a saborear en el aire una olvidada sensación. Entre silencio y penumbra encontré mi añorada armonía.
No necesité más; ni sonrisas, ni piel, ni música, ni orgasmos, ni héroes, ni alcohol, ni tampoco palabras. No existía ni luz en mis pensamientos para alumbrar la habitación. Sólo silencio y oscuridad, junto a los que me acurruqué mientras me invadía el sueño.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

