A oscuras soy otra persona. Derrotado por el miedo y el olvido, escondiendo mi
tedio en la rutina, dibujando mis sombras tras la tuya, sin luz.
Pero cuando al miedo impongo mi voluntad, y avanzo dejando atrás el ruido de mis pasos, y olvido que no hay luz, ni sombras; entonces vuelvo a ser yo.
Y me levanto para ver brillar la vida, y vuelvo a reír, y a amar, e intuyo el paso de tus caderas.
Vuelvo, en fin, a la vida.
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martes, 13 de abril de 2010
sábado, 27 de febrero de 2010
Viejos lienzos
Las pinceladas eran suaves y certeras. Cada una de ellas mostraba la quietud de su rostro, sereno. Sus ojos transmitían un escalofrío que rondaba impune por mi cuerpo.
Aquella figura empezaba a tomar forma.
No pude evitar detenerme a su lado mientras terminaba aquel retrato. En su paleta, sujetada con la mano izquierda, habían mezclados colores que nunca antes había visto. Seguía perfilando, impasible, el rostro de su lienzo.
Acariciaba con mimo cada una de las curvas del retrato. Serena y paciente. Vetusta.
Pasados unos minutos pude contemplar como la anciana, pese a su pérdida de memoria, recordaba el rostro de su amor. Y su mirada.
Aquella figura empezaba a tomar forma.
No pude evitar detenerme a su lado mientras terminaba aquel retrato. En su paleta, sujetada con la mano izquierda, habían mezclados colores que nunca antes había visto. Seguía perfilando, impasible, el rostro de su lienzo.
Acariciaba con mimo cada una de las curvas del retrato. Serena y paciente. Vetusta.
Pasados unos minutos pude contemplar como la anciana, pese a su pérdida de memoria, recordaba el rostro de su amor. Y su mirada.
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