“Tic-tac” hace el sonido del reloj estampado contra la pared cromada.
Recostada en el sofá intenta evitar palabras. Su melena esconde los surcos que caen por sus mejillas rosadas y un papel emborronado da vueltas jugando con la suave brisa que inunda la habitación. Una mirada perdida con ojos olvidados... ¿Y el color de sus pupilas? Se consumió en la tristeza de su corazón.
Cae salpicando el suelo cobrizo el dulce aroma de color purpúreo. Una herida. Un peligro.
Sus labios intentan hablar, sus ojos se cierran y nace el silencio.
Siente un vacío en el pecho. Sus lágrimas ya dejaron de derramarse, sólo queda el recorrido que hicieron y los pañuelos que quedaron revueltos, manchados de sangre...
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domingo, 21 de febrero de 2010
Laberinto
Oscuridad. Los muros se alzaban sobre mi cabeza como castillos de piedra enmugrecida. La noche carecía de la compañía de la luna, sin luz sobre su manto. Me acerqué a la entrada: los enormes pasillos se adentraban hacia su interior. Tenebrosos. La hojarasca inundando las paredes.
Me paralicé ante lo que crecía ante mí: un túnel continuo que desaparecía para otorgarte el placer de conocer un lugar diferente. Agaché la cabeza, pensativa, y cerré los puños sintiendo el miedo y temor que corría por mis venas. El frío se estaba apoderando de mí, de mi cuerpo. Lo sentía en mi piel y me paralizaba.
Miré a mi alrededor... estaba sola pero ya estaba en el interior.
Dentro del laberinto.
Me paralicé ante lo que crecía ante mí: un túnel continuo que desaparecía para otorgarte el placer de conocer un lugar diferente. Agaché la cabeza, pensativa, y cerré los puños sintiendo el miedo y temor que corría por mis venas. El frío se estaba apoderando de mí, de mi cuerpo. Lo sentía en mi piel y me paralizaba.
Miré a mi alrededor... estaba sola pero ya estaba en el interior.
Dentro del laberinto.
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