Se acercó la taza a los labios y el té los tiñó de ámbar.
La chica seguía allí, sonriente, los brazos en jarras, los ojos clavados en él.
—¿Qué le parece mi propuesta? —preguntó ella.
El hombre comenzó a hurgar en su cartera, sacó al cabo un billete de cinco euros que depositó sobre la mesa junto a la nota de su consumición.
— Acepto ─dijo no muy convencido─. Vámonos.
La muchacha le susurró algo al oído a la vez que le tomaba del brazo.
—¿Y por un notable qué me haces? —preguntó él y la respuesta de su alumna
se perdió entre las notas de un cumpleaños-feliz que llegaban desde una mesa cercana.
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martes, 16 de febrero de 2010
Tres
Tres, tres, ¡TRES!
Hoy les ha dado por soplar unas trompetillas de sonido estridente y llevan toda la tarde componiendo las más absurdas melodías.
—¡Papá! ¡Miguel Ángel me ha soplado en el oído!
—¡Pero tú…! ¡Dame la trompeta!
El eco de un tremendo portazo llega hasta la habitación. Chema se levanta arrastrando la silla.
—¿Qué coño ha sido eso?
—¡Coño no se dice! —apunta la niña desde la salita.
—María has dejado abierta la puerta, ¿verdad? —grita—. ¡La has dejado abierta y David ha escapado...!
El hombre sale de la estancia muy alterado. Sobre la mesa de estudio, bajo los certificados acreditativos de antiguos premios literarios ha quedado encendida la pantalla del ordenador. No hay nada escrito en ella.
Hoy les ha dado por soplar unas trompetillas de sonido estridente y llevan toda la tarde componiendo las más absurdas melodías.
—¡Papá! ¡Miguel Ángel me ha soplado en el oído!
—¡Pero tú…! ¡Dame la trompeta!
El eco de un tremendo portazo llega hasta la habitación. Chema se levanta arrastrando la silla.
—¿Qué coño ha sido eso?
—¡Coño no se dice! —apunta la niña desde la salita.
—María has dejado abierta la puerta, ¿verdad? —grita—. ¡La has dejado abierta y David ha escapado...!
El hombre sale de la estancia muy alterado. Sobre la mesa de estudio, bajo los certificados acreditativos de antiguos premios literarios ha quedado encendida la pantalla del ordenador. No hay nada escrito en ella.
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