La casa, el color, el libro, el espejo... aquel olor penetrante, casi nauseabundo que envolvía la Carencia de Todo. La ausencia de cerraduras y su fácil acceso... demasiadas coincidencias sí. En el suelo sólo relucía aquella moneda de plata, extraña, fulgurante. Se asemejaba al óbolo. ¿Habría dejado Caronte de recibir la compensación por sus servicios?. El barquero de Hades era el encargado de traspasar a los difuntos el río de Aqueronte para llevarlas a su descanso eterno.
Aquella casa sin tiempo en el tiempo había sido la puerta de paso a otra realidad...
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viernes, 9 de abril de 2010
Dormía en la habitación contigua
Dormía en la habitación contigua, percibí el golpeteo como alas revoloteando dentro de una jaula. Sentí como chocaban contra las paredes, parecían provenir de grandes pájaros. No me atrevía a moverme.
Me vino a la memoria mis pesadillas de antaño, aquellas en las que una hermosa mujer se acercaba a mí en mis peores sueños, me envolvía con el sutil velo que la cubría e inmediatamente la paz volvía a mí. Intenté visualizarla para poder aislarme de la zozobra que empezaba a invadirme.
Mientras, el cuarto se inundaba de una niebla densa, relajante, soporífera. Sabía que ya nada podía hacer, más que abandonarme y soñar.
Me vino a la memoria mis pesadillas de antaño, aquellas en las que una hermosa mujer se acercaba a mí en mis peores sueños, me envolvía con el sutil velo que la cubría e inmediatamente la paz volvía a mí. Intenté visualizarla para poder aislarme de la zozobra que empezaba a invadirme.
Mientras, el cuarto se inundaba de una niebla densa, relajante, soporífera. Sabía que ya nada podía hacer, más que abandonarme y soñar.
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