Son las seis de la mañana, me levanté temprano, tengo que ir al banco.
No hay nadie en las calles, está lloviendo y algunas gotas de lluvia se deslizan lentamente por la ventana, parecen pequeños ríos con sus afluentes bañando unas tierras cristalinas. Yo soy un ser diminuto y vivo allí en esas translucidas tierras, poseo una casa transparente al borde del río, yo también soy transparente, mi organismo cristalino sintetiza alimento a partir de la luz y el agua, todo formado por moléculas puras y cristalinas que a su vez forman arterias dentro de mi que son como los caminos que forma el agua sobre el cristal de mi ventana.
Son las tres de la tarde, mañana iré al banco.
Mostrando entradas con la etiqueta Mario Carretero Castillo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mario Carretero Castillo. Mostrar todas las entradas
miércoles, 10 de febrero de 2010
Ochenta y ocho años
Unas temblorosas y arrugadas manos de ochenta y ocho años sujetan torpemente un pequeño álbum de fotos, esta abierto por la primera página y en ella hay un niño en blanco y negro con cara de revoltoso.
Sentado en la orilla de una playa remota, perdida en el tiempo, todo salpicado de arena y agua, sonríe mirándose a si mismo desde un pasado escondido en la memoria.
Una lágrima que brota de un ojo de ochenta y ocho años trae recuerdos de sal a una boca ya seca, recuerdos del mar, de la playa, de la arena que llena un reloj de cristal que se vacía demasiado rápido.
Sentado en la orilla de una playa remota, perdida en el tiempo, todo salpicado de arena y agua, sonríe mirándose a si mismo desde un pasado escondido en la memoria.
Una lágrima que brota de un ojo de ochenta y ocho años trae recuerdos de sal a una boca ya seca, recuerdos del mar, de la playa, de la arena que llena un reloj de cristal que se vacía demasiado rápido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

