Su vida cambiaría repentinamente, desde el momento que la silueta que contemplaba a través de los visillos, se convirtió en una obsesión. Diariamente, al otro lado de la calle, alguien fumaba un cigarrillo mirando hacia arriba, con las manos en los bolsillos, desapareciendo en la oscuridad. Esa noche llamaron al timbre de su casa, por la mirilla, pudo observar al hombre que había vigilado, el pánico hizo presa de él, un sudor frío embadurnaba su frente y retrocediendo sobre sus pasos, no pudo ver el cable telefónico que le enredó el pie y le hizo caer golpeando mortalmente su cabeza. Al otro lado de la puerta, un detective que investigaba al vecino sospechoso del tercero, solo quería hacerle unas preguntas.
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martes, 13 de abril de 2010
EL FARO
El faro vigilaba la playa, oteaba su costa y sus acantilados, cuidando que todos estuvieran a salvo y las travesías llegaran a buen término. Desde la ventana, ella continuamente lo observaba. Aquella noche la tormenta era tan brava que los enérgicos rugidos del mar y los truenos la aterrorizaban. Desde la cama, lo único que mantenía su aliento, eran los destellos de ese faro que, dando guiños, alumbraba la habitación por fracciones de segundo. Repentinamente, el postigo golpeó uno de los cristales abriendo la ventana, aterida y horrorizada intentaba cerrarla, es entonces cuando comprobó, presa del pánico, que el viejo faro estaba inmóvil, pero ¿de donde provenía, en tal caso, la luz que todavía inundaba la estancia?.
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