Solías decir que algún día plantaríamos un árbol junto a la valla. Y yo, entusiasmado, contemplaba el patio e imaginaba un olmo frondoso bajo el que cobijarnos en verano y sobre cuyas ramas peladas cantaran los zorzales en invierno. Y agarraba fuertemente tus manos porque sabía que siempre decías esas cosas poco antes de meterme en la cama y marcharte.
Desde la misma ventana te veo pasar ahora cada tarde. Caminas agarrada a tu marido mientras tus hijos espantan a pedradas las currucas que habitan la maleza de mi jardín. Las hojas amarillas de nuestro árbol cubren la vereda, y tus pies juguetean con ellas como si tú también las vieras.
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miércoles, 6 de abril de 2011
Alas
Como un ángel abatido", repitió ella abrazándolo por la espalda, percibiendo el olor agrio de su abandono y su barba de una semana. Aquel era modo demasiado bello de expresar un sentir tan amargo, pensó. Luego se echó sobre la cama y permaneció contemplándolo allí, asomado a la ventana, iluminado por la luna. Lo imaginó con alas. Dos grandes y fuertes alas capaces de elevarlo muy alto. Quizá desde allá arriba los negros charcos del callejón semejaran espejos de plata. Y él sonriera al verla saludando desde abajo.
Esa noche soñó que volaban juntos sobre calles mojadas y tejados en llamas mientras él la tomaba en el aire, tierno y furioso, como un halcón en celo.
Esa noche soñó que volaban juntos sobre calles mojadas y tejados en llamas mientras él la tomaba en el aire, tierno y furioso, como un halcón en celo.
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