Ella miraba un paisaje anodino y él conducía; si no sonase la música, los pensamientos se oirían por sobre el ruido del motor.
Ese fin de semana en la montaña había fracasado otro intento de reconducir su vida en común; los lazos que los unían sucumbían ante el hastío y los reproches compartidos.
Uno de los dos diría, antes de llegar a casa, que debían separarse; el otro asentiría aliviado de no tener que proponerlo.
Uno de los dos recordaría antes de ese punto y aparte, que treinta años atrás, en otra carretera, pararon el coche en un desvío lateral, se internaron en un campo de trigo e hicieron el amor sobre un improvisado colchón de espigas doradas.
FIN
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martes, 13 de abril de 2010
Compañeros de escuela
En una fiesta invité a bailar a una chica preciosa y me rechazó.
-Fuimos compañeros de escuela y no bailas conmigo- mentí, molesto.
-¿En que curso?
-Primero y segundo, recuerdo el día que te cagaste encima- dije vengativo y me aparté prudentemente.
-¿Como te llamas?- se acercó, bella y curiosa.
-Alberto- "un grosero sin clase", pensé- ¿Ahora me recuerdas?
-No, pero igual bailemos- dijo divertida.
Susurré a su oído disparatadas anécdotas escolares acercándola hasta pegar nuestros cuerpos.
-Me gustan tus historias, pero promete no mentirme nunca más- me interrumpió riendo.
-Prometido pero, exactamente, ¿De qué mentiras hablamos?
Me besó dulce y largamente para callarme. Todavía no sé si tuvo aquel percance digestivo escolar, yo sí, dos veces, es un clásico.
FIN
-Fuimos compañeros de escuela y no bailas conmigo- mentí, molesto.
-¿En que curso?
-Primero y segundo, recuerdo el día que te cagaste encima- dije vengativo y me aparté prudentemente.
-¿Como te llamas?- se acercó, bella y curiosa.
-Alberto- "un grosero sin clase", pensé- ¿Ahora me recuerdas?
-No, pero igual bailemos- dijo divertida.
Susurré a su oído disparatadas anécdotas escolares acercándola hasta pegar nuestros cuerpos.
-Me gustan tus historias, pero promete no mentirme nunca más- me interrumpió riendo.
-Prometido pero, exactamente, ¿De qué mentiras hablamos?
Me besó dulce y largamente para callarme. Todavía no sé si tuvo aquel percance digestivo escolar, yo sí, dos veces, es un clásico.
FIN
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