Cruzo el umbral y me encuentro con Antonio, melancólico y doliente por su olmo viejo, mitad podrido.
Pegado está Benito, narrando otro episodio de su nacional existencia.
Y al lado Camilo, pancho y orondo, saboreando pastelillos de miel alcarreña, acompañado de su fiel choferesa de ébano.
Luego Dámaso, y Ernesto, y Francisco, y Gabriel, y así hasta Leopoldo, entre Leandro y Lope, hablando de nuestra vetusta querida.
Y al final del todo, Wenceslao precede al último, ese que no recuerdo por ignorancia mía, mas no por inexistente. Él cierra esta sala con tanta y buena literatura hispana donde me hallo.
Mostrando entradas con la etiqueta SALA DE LETRAS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta SALA DE LETRAS. Mostrar todas las entradas
lunes, 11 de abril de 2011
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

