En el lejano oriente se enamoró el sol de las gotas de lluvia, pero como era muy ardiente; solo con mirarlas las evaporó. Luego se enamoró de las nubes; pero solo con rozarlas las quemó. Día tras día se lamentaba de su desgracia. Él que tenía todo: belleza, luz, alegría, poder; no conseguía encontrar el amor sempiterno.
Ese atardecer a punto de desaparecer en el horizonte, levantó los ojos y la vio emerger detrás del magnífico palacio recién construido. Blanca, seráfica, bella y tímida. La había contemplado en otros lugares, en otro tiempo, pero en aquel instante estaba tan hermosa, que le robó el corazón. Su amor duro eternamente, pues nunca pudo tocarla; cuando ella llegaba... él se iba.
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miércoles, 2 de marzo de 2011
MALDITA SUERTE
Hace tiempo encontré un rastrillo y una pala. Viajé por el mundo. Rastrillé sentimientos y emociones; recogí exaltación e insensibilidad. ¿Porqué no encontraría una goma de borrar?.
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