Los rumores que Moncho se ahorcó debido al adulterio de su esposa, crearon expectación por el discurso fúnebre. Navaja se subió a un banco. Fijó sus ojos en Yusimí como una acusación.
- Moncho fue traicionado... – se detuvo a tragar en seco.
Una pausa densa: reojos y codazos hicieron olas en la multitud. Como golpe de remache, reinició: “Moncho fue traicionado...”
La frase quedó trunca: Yusimí se desplomó en brazos del padre. Navaja esperaba para continuar. En un vistazo, descubrió la sonrisa pícara de Ruly, y el fulgor en los ojos de Guido, cuenteros naturales. Supo entonces, que al concluir la ideada frase: “Moncho fue traicionado por sus propios nervios,” ya esta formaría parte de un nuevo cuento de velorio.
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martes, 1 de marzo de 2011
“Viajero en el tiempo”
Imposible retornar en el tiempo, pensaste, porque después del más profundo rugido, Viky magnetizó tus ojos. Milenios de mujer parpadearon en arcanos ancestrales. Sus garras cautivaron tus manos. Acechanza de leona. Las fauces te golpean con aliento de acero el rostro de estatua yaciente. El monstruo coloca sus cuartos traseros a ahorcajadas sobre tu vencido pecho. Silencio. Zumbidos. Vibraciones del éter. No suelta la presa; suelta ambarinos chisguetes cuyas salpicaduras llegan hasta tu boca. El epílogo del rito rompió el silencio en un trompeteo de irregulares tonos.
“… y esto qué… el triunfo de la hembra, lo que no pudo hacer hace treinta años…”
Pero quedaste mudo, te despedirá con un beso, porque tienes que continuar viajando en el tiempo.
“… y esto qué… el triunfo de la hembra, lo que no pudo hacer hace treinta años…”
Pero quedaste mudo, te despedirá con un beso, porque tienes que continuar viajando en el tiempo.
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