Desde aquella roca podía contemplar, sin ser vista, a todos los transeúntes que caminaban por la bahía. Podía estar horas y horas mirando y no sentía en su interior el vulgarismo del tedio, no tenía nada mejor que hacer aquella mañana pero pensó que ya era hora de volver a su habita natural y se sumergió.
El agua estaba tibia, como a Martina le gustaba, su sal hacía un efecto relajante en su piel y el sol reflejaba los colores de su cola armonizando los tonos verdes y plateados.
Aquel día Martina se sintió feliz por ser diferente.
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martes, 8 de marzo de 2011
EL ÚLTIMO VIAJE
Siempre pensé que pensar era el privilegio de todo ser humano, y cuanto más lo pienso menos me convence.
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla…
Cada vela puesta en mi tarta parecía pobre en cantidad, deseaba con todo mi anhelo que se multiplicaran lo más rápido para poder decir que ya era mayor .Ahora pienso en aquellas cuatro, cinco o seis velas que perdían cera a la espera de que un pequeño soplo hiciera mi deseo realidad.
Hoy mis velas, amorfas hileras entre el bizcocho y el chocolate, más de ochenta, esperan sin deseo ser apagadas por un soplo que torpe y pobre de aliento sofoque sus llamitas.
…Y un huerto claro donde madura el limonero.
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla…
Cada vela puesta en mi tarta parecía pobre en cantidad, deseaba con todo mi anhelo que se multiplicaran lo más rápido para poder decir que ya era mayor .Ahora pienso en aquellas cuatro, cinco o seis velas que perdían cera a la espera de que un pequeño soplo hiciera mi deseo realidad.
Hoy mis velas, amorfas hileras entre el bizcocho y el chocolate, más de ochenta, esperan sin deseo ser apagadas por un soplo que torpe y pobre de aliento sofoque sus llamitas.
…Y un huerto claro donde madura el limonero.
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