No sé ni puedo re visitar el pasado, y no hallo como estirar o achicar los recuerdos de lo vivido.
Además, considera: De pequeño nunca tuve patines, algo más grande me conformé con mirarlos en sus bicicletas o con sus motos.
Pasados los veinte renuncié a las fiestas y los bares porque nunca tuve suficiente dinero para pagar las cuotas de ingreso o el consumo de licores...
Siempre fui pobre y, aunque jamás he sido rencoroso, no responsabilicé a nadie de mi destino. Aun así, me pides que recuerde esa época de tanto sufrimiento, la misma que arranqué de mi vida por exceso de carencias… aquella a la que llamas –pomposamente- Hermosa Adolescencia...
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martes, 12 de abril de 2011
Carencias
No sé ni puedo re visitar el pasado, y no hallo como estirar o achicar los recuerdos de lo vivido.
Además, considera: De pequeño nunca tuve patines, algo más grande me conformé con mirarlos en sus bicicletas o con sus motos.
Pasados los veinte renuncié a las fiestas y los bares porque nunca tuve suficiente dinero para pagar las cuotas de ingreso o el consumo de licores...
Siempre fui pobre y, aunque jamás he sido rencoroso, no responsabilicé a nadie de mi destino. Aun así, me pides que recuerde esa época de tanto sufrimiento, la misma que arranqué de mi vida por exceso de carencias… aquella a la que llamas –pomposamente- Hermosa Adolescencia...
Además, considera: De pequeño nunca tuve patines, algo más grande me conformé con mirarlos en sus bicicletas o con sus motos.
Pasados los veinte renuncié a las fiestas y los bares porque nunca tuve suficiente dinero para pagar las cuotas de ingreso o el consumo de licores...
Siempre fui pobre y, aunque jamás he sido rencoroso, no responsabilicé a nadie de mi destino. Aun así, me pides que recuerde esa época de tanto sufrimiento, la misma que arranqué de mi vida por exceso de carencias… aquella a la que llamas –pomposamente- Hermosa Adolescencia...
Azar
Dejamos en la arena besos y caricias, tostados por el sol. A paso lento llegamos abrazados a la parada del autobús. Siete pares de ojos nos miraron, todos concentrados en lo pequeño del traje de baño de mi novia. Me incomodó tanto descaro. La solté, dando un paso hacia delante, para encarar al más cercano mirón, concentrando así la atención de los demás. Sólo pude abrir la boca y no alcancé a articular palabra alguna ya que el bus, sin frenos, nos embistió sin miramientos.
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