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martes, 17 de abril de 2012
Horizonte
En el horizonte, el infinito y las pinceladas brillantes que el sol dibuja sin descanso sobre el agua. El oleaje, impulsado por una máquina que nunca se agota, nos parece la respiración desacompasada de un gigante, aunque acabamos por acostumbrarnos y oímos una sinfonía que no cesa de repetirse. Luego, en picado, una gaviota se lanza sobre el cristal del mar. ¿Dónde está el pez? Su blancura destaca, pero pronto la perdemos. Otras pasan buscando algo. Yo las sigo mientras mis pies se refrescan con el estertor de las olas. El cielo muestra su maravilloso azul; las olas baten la espuma, saturada de arena al acercarse a la playa; el rumor del oleaje te inunda y, al poco, parece desaparecer. Cinco gaviotas, que volaban en formación, se dispersan. Anochece.
Azahar
lunes, 18 de abril de 2011
PINCELADA DE AGUAMARINA
Choqué con tus ojos verdigrises. Te gustan las morenas.
Coincidimos al pié del avión mis piernas bien torneadas y la falda evassé jugaba con la brisa mientras ascendía por la escalerilla.
Sentado en las primeras filas y yo en la cola. Los duendes no confabulaban a favor.
Al llegar al pequeño aeropuerto un deportivo negro me estaba esperando y con un acelerón me engullió la noche.
Albergaba la esperanza de encontrarnos en la zona de copas de la ciudad, pero creo que el buen chico con el que te etiqueté te llevó a los brazos de Morfeo y no a los míos.
La puerta zarandeó un colgante de campanillas ¡Buenos días!
Unos ojos verdigrises chispeaban en busca de una respuesta.
Coincidimos al pié del avión mis piernas bien torneadas y la falda evassé jugaba con la brisa mientras ascendía por la escalerilla.
Sentado en las primeras filas y yo en la cola. Los duendes no confabulaban a favor.
Al llegar al pequeño aeropuerto un deportivo negro me estaba esperando y con un acelerón me engullió la noche.
Albergaba la esperanza de encontrarnos en la zona de copas de la ciudad, pero creo que el buen chico con el que te etiqueté te llevó a los brazos de Morfeo y no a los míos.
La puerta zarandeó un colgante de campanillas ¡Buenos días!
Unos ojos verdigrises chispeaban en busca de una respuesta.
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