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jueves, 19 de abril de 2012
La morada de la fantasía
La filosofía del teísmo en Japón rinde culto a la magnitud de lo pequeño y lo imperfecto: a las personas sin humor "les falta té", dicen, y a las personas de excesivos sentimientos "les sobra té". Aquella tarde, Eiji Buson escuchaba la lluvia otoñal sobre los nenúfares del estanque del jardín. Sorbió té cálido y recordó a Kamato Komachi, la muchacha de aquel salón de té de Kioto. Realizaba la ceremonia mezclando el té verde con agitador de bambú. La belleza del jaspe líquido brillaba en las tazas azules. La delicadeza de su kimono, herencia del maestro de té: Rikyu.
Benavides
El afilador
El afilador hacía sonar su particular chiflo, aunque apenas había ya quien acudiera a su encuentro. Lo ha perdido todo, salvo la miseria. Su vida parece estar deteniéndose como la piedra de esmeril que acciona con los pedales de su bicicleta. Sólo cuenta el recuerdo de su esposa que perdió hace demasiado tiempo y le pidió que viera con sus ojos todo lo que ella ya no podría ver. La anhela tanto y tiene tantas ganas de reunirse con ella…
Después de pensar largo tiempo sobre aquello, sacó su propio cuchillo y lo afiló a la perfección. Luego llevó su chiflo a la boca y de grave a agudo y al revés, lo hizo sonar. Después, continuó caminando.
Inspiración
Al diablo le gusta ir al Prado a contemplar el Jardín de las Delicias como un alumno aplicado. Pide que sólo le dejen abierta el ala derecha del tríptico y se conforma con la mitad del panel central; tanta lujuria impone incluso al Príncipe de las Tinieblas y no quiere ver a su eterno enemigo ni en pintura. Cuando vuelve a los infiernos, se pasa a saludar a Pedro Botero y se complace en la simplicidad efectiva del Siglo de Oro. Finalmente, asciende al trono y se postra ante su señor y creador, el Hombre, para completar el diseño del continente africano.
Pruebas
-Además, huele tan bien…
-Pero, ¿cómo conseguiste llevártela a casa?
-La vi donde siempre, en la barra. Me bebí lo mío de un trago y se lo dije directamente.
-¿No dejaste de beber? Sabes que con la medicación…
-Ya… Bueno, y al final aceptó y llegamos al piso. No se dio cuenta de nada.
-¿Y no le insinuaste algo? ¿Le diste alguna pista? Para que sospechara, digo…
-No. Prefería ver qué pasaba. Se ha despertado temprano, se vistió corriendo y se fue. Se dejó tu collar.
-¿No sabe nada? ¿Seguro?
-No, seguro. No te preocupes por nada.
-¿La vas a llamar? Insístele, a ver qué pasa.
-Tengo que arreglar unos asuntos, pero te prometo que al final saldrá como quieres.
Fama fugaz
Detrás de un boleto de colectivo, Juan Pérez escribe: Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
No, no va a funcionar murmura, y haciéndolo un bollito, lo arroja por la ventanilla.
ZOE
Decisión
Tu vida no vale tanto. Quisiste hacerlo antes no tenias valor. Tampoco soportas que la gente te diga lo cobarde que eres, tenías que haberlo hecho. ¿Y ahora qué? ¿Dejarlo de nuevo, en un intento? ¿Soportar la cara de ella preguntándote por qué lo has hecho, y tú diciéndole que no lo sabes, que no lo has hecho por ella, que es lo que te detiene? No tienes ni idea. Los que te acusan tampoco lo saben. No tuviste la culpa. Ella lo sabe. Tranquilo. Respira… ¿puedes vivir así? ¿Estás seguro de que es lo correcto? Ahora tienes que tomar una decisión, la decisión de tu vida.
Se oyó un disparo que retumbó en el pasillo.
Ella y Jimi
Ella no dejaba de hablar. Se tocaba el pelo, se arreglaba las uñas, y no paraba de hablar de su abuela pintora que murió hacía un par de años. ¿Qué más me daba a mí? ¿Para qué tanta charla? Sólo quería follármela, como otros tantos de la universidad. Al menos, eso es lo que decían de ella las malas lenguas. La invité a tomar algo. Pasé a la acción. Ni siquiera me corté, como me había pasado con otras. Pero cuando volví de la cocina con las cervezas en la mano, la vi apoyada en la pared, escuchando con un leve balanceo a Hendrix, y entonces todo cambió. La vi distinta. Sentí miedo.
Tu marido
No lo soporto. Es irracional, lo sé, pero has preguntado. Odio que me hables de él, que si hacéis tal o cual. Sí, llámalo celos; no importa. Posiblemente soy celoso. Seré celoso… Detesto cómo hueles tras estar con él; no te puedo pedir nada; sé que me quieres, que es temporal, que estaremos mejor… Tengo fe, pero a veces te odio. Por cómo hueles, por el peinado de hoy para él, o si habéis cenado fuera. Yo aquí, en este apartamento, mirando la tele… Me mata pensar que estás con él; te abraza, te besa…, te toca… No duermo. No me digas que sientes celos alguna vez, o incluso él…, porque más celos siento yo, aunque él sea tu marido.
Casualidades
Tú y yo podremos pasear juntos cuando recobre la movilidad.
Si tú no me hubieras encontrado aquel día entre los matojos de la cuneta, nunca nos habríamos conocido.
Fue providencial que decidieras hacer un pis en el mismo lugar donde yo me había salido de la carretera cuando reventó la rueda delantera de mi bicicleta. Ahora, al cabo de dos semanas del suceso, me encuentro en mi casa con una pierna y un brazo escayolados y unas ganas enormes de que lleguen las siete de la tarde y suene el timbre de la puerta.
Tal vez hoy quieras hacer de nuevo un pis en mi inodoro.
Spider.
Dormido en los laureles
Se sentó encima de los laureles de la victoria, esperando ver pasar por delante de su puerta el cadáver del capitalismo. Aburrido por la demora entrecerró los ojos y cuando asustado por las voces y el llanto volvió a abrirlos, vio pasar el sepelio del comunismo. Se había quedado dormido. A lo lejos se adivinaba otro cortejo fúnebre que se acercaba.
Por Amalia lo dejo todo
Antonio era un hombre simpático, amable, cariñoso, acababa de pre jubilarse, su edad 55 años. Vivía con su esposa Amalia, no tenían hijos, no supo nunca si fue culpa de él o de ella. Y ahora tendría tiempo de hacer muchas cosas que antes no pudo.
Lo primero sería apuntarse a clases de baile de salón, luego a ordenadores y luego a...Ya iría pensando en qué se apuntaría en el hogar de mayores al lado de su casa.
Ahora lleva Amalia unos días con una salud precaria, deciden de ir al médico y después de muchas pruebas reciben la mala noticia de que tiene una enfermedad rara, le afecta el frio. Se truncaron todos sus proyectos, ahora tendría que cuidarla.
Lobos
Mientras tomo una cerveza en “El lobo estepario”, observo. Dos hombres discuten. Uno habla en voz alta, está alterado. El otro lo hace en voz baja, susurrando, pero adivino que está tan alterado como su compañero. No se parecen. El primero es de largos cabellos, pecho y espalda anchos, irradia fuerza y felinidad en sus gestos. El otro es paliducho, bien vestido y de aspecto enfermizo.
Finalmente, parece que se calman, se quedan callados. El del pelo largo sonríe y le da una palmada al otro. Terminan por fundirse en un abrazo. Tan fuerte que, realmente, se funden en una sola persona: un hombre de una apariencia completamente normal que, tras pagar sus dos consumiciones, se levanta y se va.
Por Zeiram
Extraña pelea marina
Lugar: Océano Atlántico, cerca de la costa gallega. Fecha: 20 de septiembre. Pelea entre un pulpo y una estrella de mar. Alrededor del ring improvisado, tiburones, atunes, cangrejos, boquerones y multitud de seres marinos observaban el inicio de la encarnizada lucha. La estrella de mar miraba risueña al pulpo, mientras este se mostraba ceñudo. Los dos pequeños animales empezaron a girar en círculos, amenazantes. De pronto, el pulpo atacó, sin alcanzar a su presa. En la segunda estocada, mordió a la estrella uno de sus pequeños brazos, desproveyéndola temporalmente de una de sus extremidades. El pulpo, creyendo haber ganado, se marchó. La estrella pensó: ‘No sabes lo que has hecho’. Qué difícil es ganar a una estrella de mar.
Tarde de lluvia
Mi bici corría a tres revoluciones por segundo bajo la intensa lluvia. Estaba calado; el pelo mojado, sobre los ojos, casi me impedía ver. Pero me daba igual, porque estaba lleno de vida; me encanta el cielo gris, el agua repiqueteando sobre el asfalto, mientras espoleo a mi bici, intentando alcanzar la velocidad máxima. ¡Se puede ser más feliz con menos!
Llegué a un bosque, donde se embarraron las ruedas de mi vehículo. Desde este bosque, emocionado, escribo sobre este mojado folio, con remitente directo al cielo, reclamando más tardes de lluvia como ésta. Pero ahora, disfruto del regalo. En casa, ya habrá tiempo de añorarlo.
Bailarina
Fui bailarina, la mejor bailarina del reino, hasta que en un accidente perdí la pierna… Cuando salí del hospital me pregunté qué haría con mi vida y decidí que volvería a bailar.
De nuevo soy la mejor danzarina del país… Algunos se sorprenden de mi éxito y yo les explico la razón: “Para bailar no se necesitan piernas, sólo corazón”.
Eliana Quatro
(pseudónimo)
Antes de las fiestas
Si llovía, de las pinochas mojadas escapaba olor a invierno. Dentro, la tahona olía a lumbre, a harina amasada en la artesa con huevos, aceite, azúcar, aguardiente y ralladura de limón… Cuando los mantecados y magdalenas salían del horno en canastos de caña, las calles empezaban a oler a fiesta.
Eliana Cinco
(Pseudónimo)
Radical
Tres amigas salían de ver una película a altas horas de la madrugada. Los cines estaban ubicados en un centro comercial, las tiendas hacía horas cerraron sus puertas, en la zona de restaurantes limpiaban a toda prisa para terminar la jornada.
Dos de ellas, de edad madura, despistadas charlando sobre el contenido del film que acababan de ver, tranquilamente llevaron sus manos a los bolsos sacaron un cigarrillo y sin la menor preocupación los encendieron con total naturalidad.
Lejos, un guarda jurado comprobó que la hora de acabar su trabajo ya pasó.
Las señoras a dos pasos de la salida a la calle.
Como un rayo, brazo en alto, el guardia gritó: ¡Señoras aquí no se puede fumar!
FIN
Seudónimo: Kinis.
La cena de mamá
La noche de autos Belinda propinó decenas de puñaladas a su marido con el mayor cuchillo del que disponía en la cocina, mientras éste dormitaba en el sofá; ese de cuero blanco que ella tanto odiaba por ser tan frío en invierno y tan pegajoso en verano, el mismo que su suegra se había empeñado en regalarles por su décimo aniversario y que ahora permanecía cubierto de sangre. Tras el crimen, descolgó el auricular del teléfono, marcó el número de su hijo y cuando éste contestó, Belinda acertó a decir: “Cariño, la cena te espera, tu padre se enfría”.
martes, 17 de abril de 2012
Agua para ballenas
Había cumplido su sueño, pesaba 35 kg y tenía 20 años. Se había convertido en una princesa de cristal. Sus frágiles huesos se transparentaban a la luz del sol .Caminaba despacio, agotada pero contenta porque acababa de dejar atrás ese cuerpo deforme que tantas noches había repudiado en las noches frías de su habitación.
Empezaba a ver borroso, y cada segundo que pasaba mas borroso hasta que solo vio un túnel negro .Todo se apagó a su alrededor, toda su vida de princesita, toda su lucha contra las modas.
Mientras en una fría habitación de hospital yacía Laura en una cama inconsciente, llena de cables. A su lado una madre desolada luchando por las dos.
Agua
No podría decirte cuanto tiempo llevo aquí, mi memoria nunca ha sido buena. Tampoco conozco la razón por la que me tienen encerrado. Es un habitáculo esférico, de paredes transparentes. Me paso el día dando vueltas, procurando así evitar la atrofia de los músculos. Si tuve una vida antes de esto tengo claro que odiaba hacer ejercicio. Esta rutina sólo cambia a la hora de comer, una única vez al día. Siempre a la misma hora, siempre la misma comida insípida y sintética. De hecho ahí viene otra vez. Toca desentumecer las aletas, abrir bien las branquias y subir a buscar algo que llevarse a la boca. No albergo esperanza de que me liberen, me conformaría con una explicación.
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