Mostrando entradas con la etiqueta Inda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Inda. Mostrar todas las entradas
martes, 3 de abril de 2012
Perro callejero
Seguramente mañana no volverá. No vendrá como tantas otras tardes a merendar de mi mano un currusco de pan. Yo le esperaré por si acaso sentado en el banco, el mismo de hoy y de ayer y de tantas otras tardes. Mirando la fuente, a veces seca a veces con agua. Contemplando el ir y venir de las personas que se asoman por este lado del parque. Observando las nubes o el más de los azules en lo alto.
Mañana regresaré, como tantas otras tardes aunque me han contado que los de la perrera han estado merodeando por aquí.
Inda
El rincón del recuerdo
Cuando alguien viene a mi casa escucho lo mismo: ¿Qué hace ese viejo butacón entre tanto mueble moderno? Y en cierta forma tienen razón, no pega mucho, pero a mi corazón le parece el mejor rincón de la casa. El butacón rodeado de libros, los mismos que descansaron una vez en las estanterías de la casa de mi abuelo. Es como una pequeña isla de nostalgia entre tanta frialdad de diseño. Fue el butacón preferido de mi antecesor, desgastado ya por el uso sigo utilizándolo en las tardes de sosiego. Me gusta sentarme a leer y viajar al pasado con las amarillentas hojas en mis dedos.
Inda
viernes, 11 de marzo de 2011
Los Sonidos del Silencio
Sss… ¡Silencio! Era su palabra favorita. “Escucha, es el sonido del silencio” me decía. Y yo callada la miraba y esperaba. No oía nada.
Con los años comprendí que se refería al sonido del alma, a ese lenguaje mudo para los extraños que sólo uno mismo percibe.
Con los años aprendí a escuchar los sonidos del silencio, que siempre nos acompañan pero no siempre nos paramos a escucharlos.
Sss…
Con los años comprendí que se refería al sonido del alma, a ese lenguaje mudo para los extraños que sólo uno mismo percibe.
Con los años aprendí a escuchar los sonidos del silencio, que siempre nos acompañan pero no siempre nos paramos a escucharlos.
Sss…
Y se van
Y se van.
Sentada en el vano de la ventana con el aire acariciando mi rostro observo como se marchan volando agitando sus alas. Vuelven a su nido a pasar la noche después de un día en las lagunas. Pasan sobre mi cabeza recortando el cielo azul que va tornando a los naranjas del ocaso. En el horizonte empieza la luna a brillar dando comienzo a las últimas horas vespertinas antes de la oscuridad de la noche.
Y se van todas ellas en pareja. Y se van para mañana volver.
Sentada en el vano de la ventana con el aire acariciando mi rostro observo como se marchan volando agitando sus alas. Vuelven a su nido a pasar la noche después de un día en las lagunas. Pasan sobre mi cabeza recortando el cielo azul que va tornando a los naranjas del ocaso. En el horizonte empieza la luna a brillar dando comienzo a las últimas horas vespertinas antes de la oscuridad de la noche.
Y se van todas ellas en pareja. Y se van para mañana volver.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

