CONCURSO PATROCINADO POR HOTEL MAR MENOR

El hotel Mar Menor de Santiago de la Ribera apoya a las Bibliotecas de San Javier en la promoción de la creación literaria y te dan la bienvenida a este concurso.























lunes, 4 de abril de 2011

Desprendimientos cárnicos

Un día me cayó una oreja, pude enmascarar el asunto con el uso de un sombrero. Al siguiente, fue el dedo anular el que se desprendió de mi mano derecha y al otro, el pulgar de mi izquierda. Tuve que ponerme guantes en pleno agosto. Cuando perdí la nariz, aquello fue más dificultoso. Al principio pensé que sufría de lepra, pero mi psiquiatra me dijo que tenía el ego poco afianzado.

Universos paralelos

Una vez encontré un montón de universos paralelos en el interior de una caja de cerillas. Toda vez que encendía un fósforo, vislumbraba a través de su llama espuria, débil y breve, un tipo distinto de realidad alternativa. Me vi junto a un yate, junto a un carrito de supermercado, con todas mis pertenencias a cuestas, junto a un obús, ocupado en verificar la espoleta, junto a una pancarta por la paz. Me vi mujer, jardinero en Roma, penitente en Santiago, loco en Estambul. Me vi a mi mismo encendiendo un fósforo. Una vez encontré un montón de universos paralelos en el interior de una caja de cerillas…

viernes, 1 de abril de 2011

Yo te quería.

Ya no hay dolor, no hay miedo, ni siquiera odio, tan sólo un frío gélido que nace en mi interior alimentado por la incomprensión. El silencio lo inunda todo con su tensa y vacía elocuencia. Me quiere, dice, pero ¿Puede la vida ser una pieza de intercambio para conseguir el amor eterno? No puedo creer que hubiera amor detrás de esos ojos o quizá, no lo sé, sea el amor un sentimiento tan cercano al odio que pueda llegar a fundirse en uno solo. Mis párpados acaban cediendo y cuando me dispongo a abandonar este mundo extraño y cruel, sólo alcanzo a oír sus débiles palabras que resuenan como un último y doloroso estertor de mi vida: Yo te quería….

La luz

Ya apenas podía moverse. Había llegado su hora; y sentía cómo una fuerza le empujaba hacia la luz.

-¡Ya está aquí! -exclamó la comadrona.

DESENCUENTRO

Te busco. Te encuentro. Aún estás al borde de mí mismo. Caminas. Eres tú. Te

recuerdo. Fumas. Bailas sobre el asfalto. Te sigo. Eres el esplendor que fuiste. Me

fascinas. Todavía. Cruzas la calle. Te detienes. Rozas una mano. La

entrelazas con la tuya. No es la mía. Os miro. Huyo. Me equivoqué. No sois tú.

Miradas y Sonrisas,

Cuando miré, ella me sonreía con gesto pícaro. Vaya. Había pasado un buen rato derrochado encanto para atraer la atención del joven sentado a su derecha y ahora es ella quien me devuelve el cumplido. Se lleva el vaso a los labios, los humedece a conciencia y levanta el cristal hacia mí en un brindis ceremonial mientras su compañero pela una almendra indiferente. Tiene un novio ciertamente guapo. Fijo los ojos en mi cerveza e intento disimular el embarazo. Ay. Ella insiste y me muestra una dentadura perfecta en lo que sobrepasa con mucho una sonrisa de compromiso. Con un gesto me invita a salir del bar. Uff.

SIN GRACIA

—¿Dónde está el perro?
Preguntó mi marido irrumpiendo en la cocina.
Lo miré con asombro. Hacía media hora que le había escuchado salir con Platón.
—¡Sabía que al menor descuido le harías desaparecer! —gritó— Tú nunca le has querido. Lo has estado urdiendo todo, al fin te sales con la tuya. Seguro que le ha atropellado algún coche, no está acostumbrado a ir solo. Pero si lo que pretendías es que yo me fuese, lo has conseguido. Te lo advertí, te dije que si él no podía estar aquí yo tampoco. Así que me voy.
Aturdida intenté adivinar dónde estaba la gracia del chiste.
—Recibirás noticias de un abogado —añadió.
Y se fue dando un sonoro portazo.

DE BIRMANIA

Él pinchaba las ruedas de mi coche, tapaba con silicona la cerradura de mi puerta, me enviaba un ejército tras otro de cucarachas metidas en un caballo de Troya, y hasta filtraba un olor pestilente por las rendijas… Me sentía indefensa ante aquel ataque injustificado. Yo sólo le había dicho que los hombres como él me daban asco. Había sido sincera, creí que era la única manera más honesta de librarme de él. Pero me equivoqué. Por muchas vueltas que le di no encontré más solución que regalarle una cobra de Birmania, la mejor que pude encontrar. Siempre decía que le encantaban las serpientes. Por fin ha dejado de molestarme.

PALABRAS DE SAL

Entre sus manos papel humedecido por unas amotinadas lágrimas saladas. Pliego mojado que contenía las últimas palabras que él le dedicó…
“Eres la luz que ahuyenta las sombras de mis miedos, la ilusión de un nuevo amanecer, te quiero”
Las olas besaban sus pies queriéndolos arrastrar mar adentro. Cristales de sal moteaban caprichosamente su piel. Lamían el agua, como lengua asustadiza, sus pequeños dedos. Quedó quieta, sólo el silencio era roto por alguna gaviota o por el leve susurro de las olas al desaparecer en la orilla. Así pasa los días, en un pulso desigual con el mar porque éste tiene lo que ella más quería y espera desafiante que se lo devuelva.

GOLPE DE SILENCIO

Las voces de innúmeros periodistas se confundían formando un murmullo de tono apático y gris, radios y televisores vomitaban la noticia indigesta desde los refugios de los hombres mientras los megáfonos en las esquinas cubrían la Ciudad con el mismo discurso.
La radio del vecino, chirriante y estática, lloraba:
- Informamos que la controvertida “Ley de Prohibición Mundial de Medios”, sentenciada hace instantes por el voto de una mayoría de funcionarios -seducidos por la Injusticia-, rige desde este mismo momento. Así… me despido con quebranto, siendo éste el último mensaje de libertad de la historia del hombre.
Y se oyó el ruido del botón “Apagar”, o de un tiro.