Te habían dicho que la feminidad estaba en tu cuerpo, en tus gestos, en tu delicadeza, en tu sonrisa, en tu buena educación, en tu pelo brillante y sedoso, en tu seducción, en tus operaciones estéticas, en tu desayuno con cereales hipocalóricos, en tu sumisión, y hasta en tus zapatos de tacón. Te fracturaste un tobillo. Ahora sabes lo que es ser mujer.
lunes, 11 de febrero de 2013
(8) Compartiendo distancias
Ella llegó unos minutos tarde a la cita, se disculpó: el tráfico. ¡Mujer tenía que ser! Él ya se había bebido una copa de cerveza y solo había dejado rastro de las patatas fritas en su jersey. ¡Hombre tenía que ser! Ella le escuchó solícita hablar de su amplia y exitosa carrera profesional. ¡Mujer tenía que ser! Él se pidió otra caña y reclamó más patatas fritas, reteniendo las aceitunas que había traído el camarero. ¡Hombre tenía que ser! Ella intentó hablar de sí misma. ¡Mujer tenía que ser! Él miró disimuladamente el reloj a los pocos minutos. ¡Hombre tenía que ser! Ella, ¡mujer tenía que ser!, se dio perfecta cuenta y, con naturalidad, dijo: “Si quieres, nos vamos”.
(7) Ponerse los zapatos
“The spirit of the land, as becomes the ruler of greater
enterprises, is careless of innumerable lives. Woe to the
stragglers! We exist only as we hang together”.
(J. Conrad)
Pronto acabarán los días. Mundo de hechos derrotado hacia un núcleo privado, tiempo detonado. Debemos partirnos en dos, debo uncirme la culpa.
Abren los dorsos, altos de ojivas y tendones cancelan una soga de luz en la garganta. Cae sellada la piel. En raigones de carne acaba la paz ciega del estómago. Mañana sólo recordará cubrirse de zapatos por si las manos los ojos y dorsos de puentes tendidos el aire libre y el frío por ellas.
Manos ixíadas, culpables del primer perdón, hospedad ahora la desgracia.
He oído subir el ascensor como animales en la noche de los hombres.
Volveremos y sólo seremos miedo; acabaré esta muerte cuando no entienda las palabras, dejaremos de hablar sólo cuando hayamos escapado.
enterprises, is careless of innumerable lives. Woe to the
stragglers! We exist only as we hang together”.
(J. Conrad)
Pronto acabarán los días. Mundo de hechos derrotado hacia un núcleo privado, tiempo detonado. Debemos partirnos en dos, debo uncirme la culpa.
Abren los dorsos, altos de ojivas y tendones cancelan una soga de luz en la garganta. Cae sellada la piel. En raigones de carne acaba la paz ciega del estómago. Mañana sólo recordará cubrirse de zapatos por si las manos los ojos y dorsos de puentes tendidos el aire libre y el frío por ellas.
Manos ixíadas, culpables del primer perdón, hospedad ahora la desgracia.
He oído subir el ascensor como animales en la noche de los hombres.
Volveremos y sólo seremos miedo; acabaré esta muerte cuando no entienda las palabras, dejaremos de hablar sólo cuando hayamos escapado.
domingo, 3 de febrero de 2013
(6) El cambio del pobre Diego
Le imploro a Lilith, hija mía, deja quieta la esfera, no metas los dedos por sus agujeros negros que es peligroso, anda, juega con otra cosa, pero es como si le dijera precisamente lo contrario. La muy pilla comprime el globo terráqueo, lo estira, deforma y hace rebotar provocando con su diablura un zaperoco de gusanos y espectros trastocados y perdidos en el tiempo y en el espacio.
Caramba, ¡qué burumbún!, se jodió la marrana. Mejor no les advierto a esos orates peneques y fanáticos que, aunque lo parezca, el bigotes que van empoderar no es ningún Hitler sino Frida Kahlo. Al fin y al cabo ellos saldrán ganando con el albur.
En cambio el pobre Diego…
Caramba, ¡qué burumbún!, se jodió la marrana. Mejor no les advierto a esos orates peneques y fanáticos que, aunque lo parezca, el bigotes que van empoderar no es ningún Hitler sino Frida Kahlo. Al fin y al cabo ellos saldrán ganando con el albur.
En cambio el pobre Diego…
jueves, 31 de enero de 2013
(5) Una vida sin voz
Le gusta mirarse en el espejo envejecido, tal vez porque le recuerda a otros tiempos, quién sabe si mejores, cuando gustaba fumarse un cigarro habano desafiando su placer exclusivo reservado para hombres. Esos mismos hombres que sobre extrañas mentiras tejieron la alfombra roja de su efímero éxito para luego dejarla caer sin lona. Peina armoniosa su cabello cano con el cepillo de puño bruñido y grabado con las iniciales G.S. de un nombre de blanco y negro, de labios leídos y con el azul verde de sus ojos sugerido. Escondida en el telón del olvido, se maquilla para la última toma de su vida, como siempre desafiante. Un habano más, por favor.
(4) Alicia
Alicia ya no vive de maravilla, el príncipe que salió rana dijo:¡ el cuento se acabó! nada más darse la vuelta la hada madrina. El arco iris de Alicia se forma con gotas que no son de lluvia y de los colores de un labio partido. Inventa razones para aguantar esperando que el final vuelva a ser comer perdices. ¡Despierta acaso bella y durmiente de Orfidal! Mírate en el espejito y di que será la última vez.
miércoles, 30 de enero de 2013
(3) Lamia de ciudad
Contemplabas el azul del arroyo. Y en él, mecías mimosa tu largo cabello al viento, disipándose largo, entre robles y castaños. Y te vi sonriente, sentada en el riachuelo, dibujando sombras de luna con su luz. Dulce al despuntar el Alba, rocío que germinó al nuevo día. Cuanta belleza junta se disipa cuando inadvertida la ciudad, te acoge entre sus edificios. Y yo tendré que jurar al color-tiempo para desmontar alquimias; el hiriente hechizo del amor descartado, el azul hechizo de tu arroyo-pelo, el admirable hechizo de tu belleza inagotable, el perfecto hechizo de tus ojos bellos, a los que no puedo mirar, que los tengo que esquivar porque ellos me sonrojan porque en ellos;
…veo el mar.
…veo el mar.
martes, 29 de enero de 2013
(2) Remake
La entrevista transcurría según lo previsto. Quiero decir que el encargado, un hombrecillo tímido y miope, en vez de mirarme a la cara, le tartamudeaba a mis tetas. No me preocupé. Las tenía bien puestas. Aún así, no me permití bajar la guardia. Mi inglés dejaba tanto que desear como la estatura del encargado, que por un momento, dejó de hablarle a mis tetas y me alargó el contrato. Fue tal mi alegría que rodeé la mesa y lo abracé repetidas veces. El pobre hombre ni se dio cuenta del estallido de los globos ni menos aún se quejó de mi barba, lo cual me dio pie para subirme la falda y tirar del postizo de mis caderas
(1) El escondite perfecto
Se escondió tanto y tan bien que ni el hambre llegó a encontrarlo, ni la deshidratación y ni siquiera el tiempo;... y decidió quedarse allí hasta que dejaran de buscarlo. Su nombre es Dios y su estado eterno.
Ya ha empezado... sed breves
Saludos, ¡Oh, amigos de las bibliotecas!... Ya ha empezado, sed breves, tenéis hasta 120 palabras para deslumbrar, y si el jurado os considera el mejor, podéis pasar un maravilloso fin de semana en el Hotel Mar Menor
Participad, con vosotros somos más biblioteca pública
Participad, con vosotros somos más biblioteca pública
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

