martes, 5 de abril de 2011
SUDOR Y LÁGRIMAS
La carne rebozada fría no vale nada, ni en el plato, en el bocadillo o haciéndola trocitos en la ensalada, y qué me dice recalentarla, esa ni para los perros. Si eso es lo que creen están muy equivocados, soy pobre e indigente y a nadie como a mí le amarga esa carne rebozada; y lo proclamo a los cuatro vientos, con el sudor de varios días pegado a mi ropa ajada y lágrimas secas que se me escapan cada noche atrapado en el frío, envuelto en unos viejos cartones que me sirven de reguardo muy cerca del restaurante.
UNA CENA PARA OLVIDAR
Hoy no nos apetece hacer nada para cenar. Nunca lo he hecho, pero voy a arriesgarme a pedir que nos traigan comida a domicilio. En el periódico encuentro muchos lugares y diferentes tipos de comida, china, japonesa, mejicana, italiana, española; con los consabidos arroz tres delicias, sushi, tacos, pizza y tortillas.
No sé dónde escoger, mira que lo hay y para colmo no me pongo de acuerdo con mi esposa y mis hijos. Al final cenamos morros de enfado, lengua con gritos y el postre lo dejamos para la mañana cuando hagamos el desayuno muertos de hambre.
No sé dónde escoger, mira que lo hay y para colmo no me pongo de acuerdo con mi esposa y mis hijos. Al final cenamos morros de enfado, lengua con gritos y el postre lo dejamos para la mañana cuando hagamos el desayuno muertos de hambre.
PUNTO Y APARTE
Papá, ¡qué alegría!, ¡qué alegría...! ¡Dame un abracito, por favor! (Se abrazan.) ¡Sabía que no habías muerto...! La gente decía que habías muerto... Hasta mamá lo decía...
La gente es así.
Sí, ¿verdad?
(Se frota limpiamente los ojos humedecidos.)
He venido a buscarte.
Pero mamá no lo entenderá...
No debes preocuparte. Lo entenderá algún día...
¿Cuándo vengamos a buscarla?
...
La gente es así.
Sí, ¿verdad?
(Se frota limpiamente los ojos humedecidos.)
He venido a buscarte.
Pero mamá no lo entenderá...
No debes preocuparte. Lo entenderá algún día...
¿Cuándo vengamos a buscarla?
...
EL PÁJARO Y EL GATO DE PAUL KLEE
Sus ojos eran dos cuchillos, el cuerpo estaba tenso como un arco. Saltó de pronto, y sus garras brillaron amarillas, y un bullicio de plumas enturbió el aire de la estancia del maestro, que concluyó enseguida que cuanto más suave es la pincelada más penetrante resulta, igual que un dulce roce. No volvería a acariciarle sus pequeños ojos con el pincel manchado por el oro, el color que más odian los felinos.
Salomé
Tenía suficientes concubinas y todas ellas poseían sus encantos peculiares, pero nunca había perdido la cabeza por una mujer danzanta con los pechos al aire.
Fe
Ella solloza en el fondo de la noche y, con sus ojos fríos, guarda silencio mientras observa a los penitentes ortodoxos dirigirse al muro de las lamentaciones para realizar trenos y, del otro lado, en el dique exterior, a los devotos musulmanes congregarse en la Explanada de las mezquitas. Cerró sus párpados con fuerza y tembló una lágrima en sus pestañas. Se volvía a sentir inmensamente sola.
LA NIETA DE DOÑA EULALIA
Hay que ver que chica más rara, esas pintas que lleva siempre la tienen en boca de todo el vecindario, ¡qué vergüenza!, si doña Eulalia levantara la cabeza con lo elegante que ella era.., mejor que no haya llegado a verla, siempre vestida de negro que da escalofríos, con esos ojos y labios pintarrajeados y esas greñas tan lacias, y qué decir de esos adornos metálicos que le cuelgan de la nariz: escandalosos. Dice mi nieta que va así porque es "gótica". ¿Gótica?, que yo sepa las góticas vivían en Grecia y vestían unas túnicas bien finas y elegantes, ¿no?, y ella parece un ser del más allá..., ¡ay si doña Eulalia levantara la cabeza!
Desconocidos
Se abren las viejas puertas amarillas. La cola disminuye conforme la gente sube al autobús. Subo, pago, busco un sitio al fondo. Al pasar me voy fijando en las caras de las personas sentadas a izquierda y derecha. Desconocidos, pero familiares al mismo tiempo. Hasta podría decir algo sobre ellos: en qué parada se bajan, que les gusta comer o leer. Todos tienen un nombre, pero yo no lo sé. Para mí, tienen su apodo: la señora del carrito de la compra, el de la corbata que siempre va con prisas, el chico del ipod, la madre con el bebé...No los conozco, pero me gusta reconocerlos cada mañana, un grupo de desconocidos compartiendo destino cada mañana.
Utopía
Nació desnudo, con su llanto como evidencia de la añoranza por el único mundo que conocía, deseoso de volver allí y evitar la luz cegadora y el ruido ensordecedor del afuera. De a poco aprendió a sufrir y a reír, a olvidar y a obedecer, a ser alguien que tal vez no quería. Y entonces un buen día dio con su otra mitad, y del amor que se tuvieron se desprendió un cálido pétalo, de mayor vida que nunca, y tarea cumplida. Pero llegó la noche en que lo sorprendió la fatiga, la decadencia, y con ello la esperanza en la otra vida. Y hacia allí fue tal vez.
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