CONCURSO PATROCINADO POR HOTEL MAR MENOR

El hotel Mar Menor de Santiago de la Ribera apoya a las Bibliotecas de San Javier en la promoción de la creación literaria y te dan la bienvenida a este concurso.























martes, 24 de abril de 2012

GANADOR DEL CONCURSO DE MICRORRELATOS DE LAS BIBLIOTECAS PÚBLICAS DE SAN JAVIER 2012

Enhorabuena a MIGUEL PEREIRA RODRIGO, ganador con el microrrelato CAPERUCITA Y EL LOBO La única alma humana que había en el bosque, apareció con un hacha en la mano para salvar a la niña. Ésta y el lobo se desvanecieron en el aire. No obstante el leñador no se percató de que lo visto era un señuelo hasta que, tras la abducción, estuvo frente a los “visitantes”.

jueves, 19 de abril de 2012

Sólo pienso

Hace tiempo, aunque ya no tengo noción del tiempo, un colectivo aplastó mi cuerpo y morí. Desde ese momento no veo nada, no escucho, al ruido sólo lo recuerdo al igual que a mi voz. No huelo ni puedo tocar nada, olvidé la forma de mis manos, no siento. Sólo pienso. Quisiera volver a tener cuerpo pero no puedo. Tampoco me puedo expresar. Este relato no lo estoy escribiendo yo, no puedo hacerlo. Es el escritor quien cree esto después de la vida terrenal. No sé, en realidad, si él puede escribir esto, ya que no lo vivió ni lo puede asegurar. Sigo pensando y luego comprendo que la literatura todo lo puede. Otro escribe, yo soy. Pablosa

La primera vez que la vi.

Ella era bella, al verla daba la sensación de que aquel instante era perfecto, la primera vez que la vi, no pensé en que debía conocerla, o si seria de su agrado, a decir verdad no pensé nada, o lo que pensé fue muy poco. Fernando Cova.

Circular 1

Ojalá nunca baje del autobús y podamos recorrer la ciudad juntos cien veces o durase el tiempo suficiente para conocerla, desafiar a la suerte y gritarle a mis amigos, al mar, al abismo, al rompeolas que golpea mis mejillas, que esta vez no se ha equivocado el cielo conmigo. Ojalá pudiera escribir su nombre o al menos lograse recordarlo. Y pensar que cada instante fue el último. Si lograse comprender de qué fibra estamos hechos cambiaría la receta; mejoraría el sabor de sus labios y le daría un toque personal a su mirada: - No dejaré que te marches sin antes decirme que nos volveremos a ver. –Claro que si lo hubiese dicho en voz alta quizá hubiese dado resultado. Isabel Aduren

ALGO MÁS QUE UN FLECHAZO

Cien niños miran hacia lo alto. Entre las nubes descubren el juguete que nunca tuvieron. Disparos. Asustados corren a refugiarse. La noche brilla en sus pequeños corazones, abiertos como ostras de cristal. Miedo en los ojos de sus madres. Ellas les recogen del suelo y abrazan, su corazón bate como un tambor. El avión se aleja. El silencio. Hambre. Pechos exhaustos. Ojos del hijo en los de la madre. Intuyen que ellos son el único alimento de ella. La paz. La distancia no existe en el mundo. África está cerca. Algún engaño hay. La verdad cada instante en ojos inmensos de niño. Millones de instantes cada hora. Un telediario anestesia. Puedes sonreír: los niños están vivos y tú no. Pablo Diksha

La morada de la fantasía

La filosofía del teísmo en Japón rinde culto a la magnitud de lo pequeño y lo imperfecto: a las personas sin humor "les falta té", dicen, y a las personas de excesivos sentimientos "les sobra té". Aquella tarde, Eiji Buson escuchaba la lluvia otoñal sobre los nenúfares del estanque del jardín. Sorbió té cálido y recordó a Kamato Komachi, la muchacha de aquel salón de té de Kioto. Realizaba la ceremonia mezclando el té verde con agitador de bambú. La belleza del jaspe líquido brillaba en las tazas azules. La delicadeza de su kimono, herencia del maestro de té: Rikyu. Benavides

El afilador

El afilador hacía sonar su particular chiflo, aunque apenas había ya quien acudiera a su encuentro. Lo ha perdido todo, salvo la miseria. Su vida parece estar deteniéndose como la piedra de esmeril que acciona con los pedales de su bicicleta. Sólo cuenta el recuerdo de su esposa que perdió hace demasiado tiempo y le pidió que viera con sus ojos todo lo que ella ya no podría ver. La anhela tanto y tiene tantas ganas de reunirse con ella… Después de pensar largo tiempo sobre aquello, sacó su propio cuchillo y lo afiló a la perfección. Luego llevó su chiflo a la boca y de grave a agudo y al revés, lo hizo sonar. Después, continuó caminando.

Inspiración

Al diablo le gusta ir al Prado a contemplar el Jardín de las Delicias como un alumno aplicado. Pide que sólo le dejen abierta el ala derecha del tríptico y se conforma con la mitad del panel central; tanta lujuria impone incluso al Príncipe de las Tinieblas y no quiere ver a su eterno enemigo ni en pintura. Cuando vuelve a los infiernos, se pasa a saludar a Pedro Botero y se complace en la simplicidad efectiva del Siglo de Oro. Finalmente, asciende al trono y se postra ante su señor y creador, el Hombre, para completar el diseño del continente africano.

En el intermedio

“Y no tuvo más remedio que esperar al siguiente tren”. Cerró el libro. Bien, entonces podría descansar un poco en el intermedio. Se sentó en el andén a imaginar cómo sería el narrador que le seleccionara y revivió mentalmente el microrrelato que acababa de protagonizar. Le gustaría algo distinto esta vez, quizás algo cómico o un amor por fin correspondido, pero partía con la desventaja de haber sido descrito como un joven rubio muy delgado. De todas formas, había demostrado que podía ser más que un estereotipo: protagonista de dos relatos ganadores y un accésit, e incluso aparecía en una novela. Expectante pero confiado, como siempre que empezaba una nueva historia, Personaje subió al tren.

Pruebas

-Además, huele tan bien… -Pero, ¿cómo conseguiste llevártela a casa? -La vi donde siempre, en la barra. Me bebí lo mío de un trago y se lo dije directamente. -¿No dejaste de beber? Sabes que con la medicación… -Ya… Bueno, y al final aceptó y llegamos al piso. No se dio cuenta de nada. -¿Y no le insinuaste algo? ¿Le diste alguna pista? Para que sospechara, digo… -No. Prefería ver qué pasaba. Se ha despertado temprano, se vistió corriendo y se fue. Se dejó tu collar. -¿No sabe nada? ¿Seguro? -No, seguro. No te preocupes por nada. -¿La vas a llamar? Insístele, a ver qué pasa. -Tengo que arreglar unos asuntos, pero te prometo que al final saldrá como quieres.