¿Qué había dicho ella? «La vida se digiere mejor con una tacita de té». Él, a vueltas con el argumento para su próxima novela, se había arrastrado dócilmente tras ella.
Evocó ahora el intenso sabor dulzón que todavía conservaba pegado al paladar y lo comparó con este otro ligeramente salado que llenaba su boca. “El personaje no se sostiene. Y, decididamente, no es cuestión de sabores, sino de aromas y texturas. De deseo. ¿Y si…? “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Monterroso, qué genio. Caramba, un pelo. Mi equipaje es mi memoria. Vivir cada día como el último. Podría… ¡Lo tengo!”
Sacó la cabeza de entre las piernas de la mujer y, mirando su escorzo, sonrió.
martes, 6 de marzo de 2012
Creí que mi padre era Dios
Una vez me dijeron “observa los errores de la gente a la que admiras y no los cometas tú”. Yo admiraba a mi padre trabajaba mucho durante la semana, era sereno y sabía muchas cosas del mundo. Era un ejemplo a seguir. Pero cometió un error y yo aprendí de el. Por eso cada amanecer de fin de semana le llevo a mi mujer el desayuno a la cama. Tienes que amar y respetar a tu mujer todos los días de tu vida ya que una botella de vodka y rabia contenida pueden hacer que la pierdas en once pequeños minutos.
Escrito sobre la piel
Queridos papá y mamá:
Sé que os hice preguntaros quién era esa extraña a la que solíais llamar hija. Me obsesioné con un canon y aun hoy tengo que contener la necesidad de vomitar cada vez que como. Recuerdo el día que descubristeis aquellos cortes en mi piel; entre lágrimas me preguntasteis si estaba tratando de matarme, debo deciros que no pero si alguna vez hubiera llegado demasiado lejos no me habría importado. Quizás fui débil pero todos aquellos empujones y burlas hicieron mella en mí, no fueron buenos compañeros pero vosotros me enseñasteis a no mirar nunca hacía abajo. Y como todavía estoy a tiempo voy a lidiar con esto, a superarlo y a vivir orgullosa de mi misma. Gracias.
Sé que os hice preguntaros quién era esa extraña a la que solíais llamar hija. Me obsesioné con un canon y aun hoy tengo que contener la necesidad de vomitar cada vez que como. Recuerdo el día que descubristeis aquellos cortes en mi piel; entre lágrimas me preguntasteis si estaba tratando de matarme, debo deciros que no pero si alguna vez hubiera llegado demasiado lejos no me habría importado. Quizás fui débil pero todos aquellos empujones y burlas hicieron mella en mí, no fueron buenos compañeros pero vosotros me enseñasteis a no mirar nunca hacía abajo. Y como todavía estoy a tiempo voy a lidiar con esto, a superarlo y a vivir orgullosa de mi misma. Gracias.
Su secreto
Desliza sus dedos por el rostro de la figura muy despacio, con delicadeza y mimo. Después toma entre sus manos un fino paño de lino y con la misma parsimonia repite el gesto que hiciera con sus dedos. Mientras devuelve la fina pieza a su lugar vislumbro una lágrima recorriendo su rostro, la aparta con decisión y rabia, como si su contacto la agrediera.
Sólo lleva una semana en casa, es rumana y sabemos poco de su vida. Es muy joven y alegre: siempre está canturreando mientras trabaja. Busco la figura que le arrancó dolor y rabia: es una miniatura de LA MATERNIDAD de Botero
Sólo lleva una semana en casa, es rumana y sabemos poco de su vida. Es muy joven y alegre: siempre está canturreando mientras trabaja. Busco la figura que le arrancó dolor y rabia: es una miniatura de LA MATERNIDAD de Botero
lunes, 5 de marzo de 2012
UNA LAGRIMA ENTRE LOS DEDOS
Coloca con delicadeza la lágrima de cristal debajo del ojo derecho y se aleja para apreciar el resultado. Siente una sensación de vacio, de irreparable pérdida, casi de orfandad, que le invade cuando finaliza una obra y ha de separarse de ella.
El resultado nunca es perfecto. Aunque esta vez ha estado cerca. La imagen parece tan viva..., las lágrimas son tan reales al deslizarse por el marmóreo rostro, que al rozar la más cristalina con sus dedos se vuelve líquida entre ellos.
Se apoya sobre la escultura de la dama y siente como la carne de ella, contundente y cálida, late bajo su mano.
“Algún día tu obra será tan perfecta que cobrará vida.” Su maestro no estaba loco”.
MARTASARA
El resultado nunca es perfecto. Aunque esta vez ha estado cerca. La imagen parece tan viva..., las lágrimas son tan reales al deslizarse por el marmóreo rostro, que al rozar la más cristalina con sus dedos se vuelve líquida entre ellos.
Se apoya sobre la escultura de la dama y siente como la carne de ella, contundente y cálida, late bajo su mano.
“Algún día tu obra será tan perfecta que cobrará vida.” Su maestro no estaba loco”.
MARTASARA
LA PRIMERA VEZ
La primera vez, fue mi padre quien me trajo.
Para un niño de cinco años, al que el súmmum de capacidad de agua era la que cabía en un barreño en el que su madre lo bañaba todos los domingos por la mañana, aquello era un problema de cálculo indescifrable: «¿Cuánta agua cabría en aquél enorme barreño?
Ahora, que ya soy mayor, lo contemplo con añoranzas y aún ando por aquellos cálculos sin mayores progresos.
Pero recuerdo que, aquél día, aquella primera vez ─porque siempre hay una primera vez─, fue mi padre quien me trajo... y me mostró el Mar Menor.
MAN
AQUÉL VERANO DEL 65
Era una noche del verano del 65. Las olas, con lenta pesadumbre, mesaban nuestra playa deshilando sobre ella sus encajes blancos. La luna, ingrávida sobre el horizonte, mostró su desnuda redondez, contorneando las misteriosas islas del Mar Menor.
Nos miramos fijamente... Ya no anhelé más horizontes que la línea de sus parpados. Ni contemplar otras lunas que no fuesen sus pupilas. Ni navegar por otros mares que en el verde de sus ojos. Ni ahogarme con otras aguas que no fuesen las que había entre su boca y la mía. Ni descubrir más islas que las de sus pechos... y tenderme sólo en la arena de su piel.
Anoche, se la mostramos a nuestros nietos
MAN
¿Y cuando será el incendio?
¿Cuándo y dónde se producirá el incendio que haga arder los rescoldos de pasión de aquel en el que siempre vivieron? El reencuentro veinte años después se produjo en el más estricto secreto en el jardín de la iglesia por respeto al alzacuellos de Meter, quién lo arrancó de un solo tirón repleto de impotencia, al mismo tiempo que lo hacía Anne con el pañuelo que cubría su rapada cabeza. Ambos se fundieron en un infinito abrazo con un llanto tan desesperado que jamás hubiera existido incendio capaz de sofocar.
Purple
INMOLACIÓN LOCUAZ
Tú y yo éramos conocedores de mi fausta tendencia a la introspección, de mi inclinación irremediable a caminar sobre las nubes. Lo aceptaste al principio, desconocedor -¡pobre inocente!- del llanto de quienes habitan ese círculo concéntrico que Dante llamó Purgatorio. En el fondo me comporté como el príncipe Hamlet: me hice pasar por loca, tanto, que hasta yo misma llegué a pensar que lo estaba. Para combatir mi locura, me inmolé con los métodos mientras ellos y tú me decíais adiós. La muerte del yo fue una muerte curiosa: mi único consuelo era concebir mi propio funeral como una romántica forma de pedir perdón y lavar mi culpa, si es que tenía alguna.
KATHERINE KELLY
KATHERINE KELLY
DISTANCIA
Mi mujer y yo cenamos cada uno en un extremo de nuestra larga mesa. Creo que yo me quedé en mi lado asegurando que desde allí se veía mejor la televisión. Ella en el otro, alegando algo sobre la claridad que entraba por la ventana.
Ahora cada vez nos cuesta más encontrar excusas que vuelvan a acercarnos.
–Es un fastidio tener que pedirte todos los días que me pases la jarra de agua –le digo.
Ella contempla la jarra de agua con cierta melancolía y tarda en responder:
–Mañana pondré dos jarras.
SACARINO
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