Cuando dieron a conocer los nombres de los que se salvarían, suspiró aliviado.
La muerte no estaba hecha para él.
Fue entonces a la batalla frente a la otra tribu confiado, desbordado de coraje. Cuando la lanza lo atravesó de un lado a otro, se sintió confundido. Pensó en los viejos brujos, en lo que habían dicho.
La sangre nubló su vista y un instante antes de la oscuridad supo la verdad: los chamanes mentían.
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