Empecé a luchar. Luchar para conquistar tierras. A mis enemigos los fui matando uno a uno.
Pero Alá que es grande sabe a quien dar victoria.
Así fui emperador.
Caminé altivo: Mis tierras se extendían hasta dónde Alá atardece Su tiempo.
Entonces vi nubes negras acercándose a mi palacio.
Y supe que atardecía Mi tiempo.
Eran millares de soldados que venían a invadirme.
Perdí todas mis fortalezas, mis ciudades, mis palacios, mis mujeres.
Y todavía no sabía quién era él hasta que lo enfrenté cuerpo a cuerpo y le arranqué su máscara.
Era yo.
Al amanecer me hice ahorcar porque no tuve valor de matarme yo mismo.
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