- Mañana va a llover - dijo mi abuela - las golondrinas y los vencejos vuelan bajo.
Yo miré y vi los pájaros como siempre, pero dentro de mí quedó esta frase. Sus cuentos y canciones se grabaron en mi mente.
Aún siento el calor de sus abrazos y recuerdo cómo se le iluminaba la cara con una sonrisa, cuando me preparaba la merienda: pan con aceite y azúcar, más una onza de chocolate, “por lo bien que haces tus tareas”.
Ahora soy yo quien les dice a mis nietos: “Mirad, se acerca la tormenta, las golondrinas vuelan bajo” y ellos me miran con ojos de asombro. Pero sé que esto también quedará grabado en ellos.
Gracias abuela por tu legado de amor.
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